• 26/09/2026

Evangelio del día 1 de Abril 2019

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En aquel tiempo, Jesús partió de Samaría para Galilea. Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria. Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.

Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde Él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir. Entonces Jesús le dijo: «Si no veis señales y prodigios, no creéis». Le dice el funcionario: «Señor, baja antes que se muera mi hijo». Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive».

Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. El les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: «Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre». El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: «Tu hijo vive», y creyó él y toda su familia. Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

Jn 4,43-54

Comentario del evangelio del día por Tomas de Kempis, imitación de Cristo:

«El que escruta la majestad de Dios, se verá abrumado por su gloria» (Pr 25,27 Vulg). Dios no ha dado al hombre la suficiente inteligencia para conocerlo todo…; lo que se te pide es una fe sólida y una vida sencilla, y no un conocimiento de todo. Si no entiendes ni comprendes las cosas más triviales ¿cómo entenderás las que están sobre la esfera de tu alcance? Sujétate a Dios y humilla tu juicio a la fe, y se te dará la luz de la ciencia, según te fuere útil y necesaria.

Algunos son gravemente tentados contra la fe en el santo sacramento; mas esto no se ha de imputar a ellos sino al enemigo. No tengas cuidado, no disputes con tus pensamientos, ni respondas a las dudas que el diablo te sugiere, sino cree en las palabras de Dios, cree a sus santos y a sus profetas, y huirá de ti el malvado enemigo. Muchas veces es muy conveniente al siervo de Dios el padecer estas tentaciones. Pues no tienta el demonio a los infieles y pecadores a quienes ya tiene seguros; sino que tienta y atormenta de diversas maneras a los fieles y devotos.

Acércate, pues, con una fe firme y sencilla, y llégate al sacramento con suma reverencia; y todo lo que no puedes entender encomiéndalo con seguridad al Dios todopoderoso. Dios no te engaña; el que se engaña es el que se cree a sí mismo con demasía. Dios anda con los sencillos, se descubre a los humildes, y «da entendimiento a los pequeños» (Sal 118, 130), alumbra a las almas puras y esconde su gracia a los curiosos y soberbios. La razón humana es flaca, y puede engañarse; mas la fe verdadera no puede ser engañada.

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