Cita del evangelio del día: Mc 7,1-8.14-15.21-23
Jesús llamó a la gente y les dijo: «(…) Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre».
Comentario del evangelio del día: San Marcos
Esta controversia, la más larga del evangelio de Marcos, realza las razones más profundas de la oposición existente entre Jesús de una parte y los fariseos y maestros de la Ley de la otra. Jesús pone en el centro de la discusión la explícita voluntad divina del amor a Dios y al prójimo. Frente a este principio, todas las explicaciones y tradiciones humanas deben ser revisadas. Los maestros de la Ley habían buscado el propio interés con UTICOS que permitían ingresos económicos al templo y a aquellos que, bajo el pretexto de la religión, cometían injusticias, incluso con sus propios padres. Las tradiciones y reglas del culto se prestaban para discriminar a los pobres a causa de su falta de instrucción y conocimiento de las verdaderas tradiciones.
Explicación del texto
Como todas las antiguas religiones, Israel también tenía en gran estima todo lo relacionado con la adoración de Dios por medio de los sacrificios (cfr. Gen 8,20: sacrificio de Noé), con la consagración de personas (los levitas: Lev 8,1-6; 10,8- 11; Núm 18,1-7) y con la custodia de la comunidad que celebra el culto (Núm 19,10-22; Lev 12-15). Animales que se sacrificaban a otros dioses no debían ser consumidos por los israelitas (Núm 11).
Las prescripciones de la ley sobre el lavado del cuerpo, dirigidas a los levitas, se fueron ampliando a más círculos de personas. Por último, en tiempos de Jesús, los fariseos y muchos judíos piadosos observaban voluntariamente las prescripciones sobre el lavado y la comida, previstas originalmente sólo para los sacerdotes. Así se popularizaron en la vida diaria costumbres reservadas propiamente para el culto en el santuario.
Esas prescripciones, que van más allá de lo que piden la ley y los profetas, se relacionaban no sólo con ritos de purificación sino también con el apoyo económico al templo. Quien daba algo en favor del templo servía a Dios. Por eso se afirmaba que la persona se liberaba de otras obligaciones, incluso de los mandamientos del decálogo (por ejemplo: del cuidado de los padres ancianos). Mediante la explicación juramentada de que la parte debida a los padres era korbán (don de consagración), determinados bienes podían ser cedidos al templo irrevocablemente (Núm 30,3).
Estas prescripciones se atribuían a «la tradición de los antepasados» porque presuntamente habían sido transmitidos oralmente desde Moisés para complementar la ley escrita.
Primera parte: vv. 1-13: La controversia
vv. 1-5: Introducción y situación de partida, con el reproche de los fariseos y de los maestros venidos desde Jerusalén.
El enfrentamiento con los adversarios (iniciado en 2,1- 3,30) se amplía aquí, exponiendo detalladamente la actitud de incredulidad de los fariseos, en relación con el envío de Jesús (cfr. 8,11-13.14-21).
v. 1: Fariseos y escribas venidos de Jerusalén (cfr. 3,22) observan a Jesús (cfr. 3,2).
v. 2: El agua es un elemento vital para la gente sencilla; Jesús y sus discípulos pertenecen a la capa de la población que la emplea para beber y preparar alimentos, no para realizar ritos adicionales de aspersión y de limpieza.
vv. 3-4: Marcos explica a sus lectores costumbres judías de la época, v. 5: Los escribas le quieren imponer a Jesús, como norma decisiva de comportamiento, «la tradición de los antepasados», pero de la manera como ellos la interpretan.
vv. 6-13: Primer doble rechazo por parte de Jesús
I. vv. 6-8. Argumentación con la Escritura: Jesús comienza su respuesta demostrando que la actitud de los fariseos es condenada por la Escritura, por la palabra profética de Is 29,13. El argumento de prueba de los escribas, «la tradición de los antepasados», viene considerada como contraria a Dios y elaborada solamente por hombres. A quien la enseña, la Escritura misma lo tacha de obrar con «fingimiento», puesto que traiciona el mandamiento de Dios (v. 8). De esta manera, Jesús insinúa indirectamente que él mismo habla con la autoridad del profeta escatológico.
II. vv. 9-13. El ejemplo del korbán: En la segunda parte de la respuesta, se reafirma el reproche del v. 8 con un ejemplo:
el mandamiento de velar por los padres se pone fuera de vigor por seguir la práctica del korbán, como afirma el v. 9.
v. 10: Jesús cita el mandamiento de velar por los padres. Según Éx 20,12/Dt 5,16. En Éx 20,17; Lev 20,9; Dt 27,16 el desprecio de los padres era considerado como pecado digno de muerte. En el tiempo de Jesús, no pocas veces los hijos intentaban vengarse de los padres molestos o viejos; o lo hacían también por odio, enojo o codicia.
v. 11: «Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco como donación al templo» es la fórmula -confirmada por un juramento- con que se substraían los bienes a los padres.
vv. 12-13: Conclusión: En efecto, de esta manera se anula el mandamiento de Dios.
Segunda parte: vv. 14-23: La nueva doctrina de Jesús:
Lo puro-impuro proviene del interior del hombre.
I. vv. 14-15. Instrucción general
v. 14: Se introducen nuevos oyentes -la muchedumbre-, y la enseñanza comienza con un llamado de atención: «¡Óiganme..!» De esta manera se llama la atención sobre el significado que va más allá de la sola cuestión de la pureza del culto.
v. 15: Ahora se destaca el interior del hombre como fuente y medida de la pureza o de la impureza. Con esto se rechaza no sólo el código levítico de pureza, sino que la formulación general apunta a toda clase de impureza moral. Cada uno decide, desde su «interior», cómo actuar y, por tanto, cómo comportarse frente a Dios y frente a los demás hombres.
Con esto se hace también referencia temática a la curación por parte de Jesús de las personas que sufrían por enfermedades «de impureza», como lepra (1,40-45), hemorragias (5,24-34) o posesos por «espíritus impuros» (5,1-20).
(v. 16: «El que tenga oídos para oír, que oiga», es otro llamado de atención que se agregó posteriormente, tomado de Me 4,23.)
II. vv. 17-19. Enseñanza a los discípulos.
v. 17: Ya en la casa, sin la multitud de oyentes y curiosos, los discípulos piden más explicaciones.
v. 18s: También aquí Jesús exhorta primero a sus discípulos a esforzarse por la auténtica comprensión.
Luego explica la decisión sobre lo justo y lo injusto, lo puro e impuro. Ésta se lleva a cabo únicamente en el corazón, en el interior del hombre. Lo que viene de fuera, lo que se añade desde el exterior, no incide de por sí sobre el valor de la persona. Esas cosas, y las condiciones exteriores de la vida, no necesariamente tienen que penetrar en el corazón del hombre. Mucho menos lo hace una comida cualquiera.
Por consiguiente, el evangelista concluye que Jesús canceló para los cristianos, todas las prescripciones sobre la comida existentes en su momento.
vv. 20-23: El principio básico es que el hombre libre decide con «el corazón».
En la Biblia y en el judaísmo, el corazón es el centro de la personalidad, donde la dignidad, la libertad y la propia fuerza de decisión encuentran su fundamento. Por eso, el corazón es mencionado en el mandamiento principal: «Amarás al Sñor tu Dios con todo tu corazón…» (Dt 6,5; Me 12,30). El amor a Dios y al prójimo es el principio clave para cada elección entre el bien o el mal. Cuando una acción humana hiere este amor, ninguna tradición de hombres puede justificarla. Del corazón procede lo que hace impuro al hombre. Y como ejemplo se enumeran trece vicios. La frase conclusiva insiste de nuevo sobre la real fuente de la impureza: el corazón de cada uno.
Pautas de acción
La controversia (Primera parte: vv. 1-13) y la nueva doctrina (Segunda parte: vv. 14-23) aportan dos grupos de indicaciones para la acción de los lectores.
Primera parte (1-13). Lo que prescriben los hombres puede volverse contra Dios.
Desde el comienzo del relato, el evangelista no deja lugar a dudas de que se debe rechazar la acción de los adversarios de Jesús. Ellos están influenciados por su egoísmo, por su posición económica y social. La descripción de los w. 1-4, y sobre todo la explicación de las costumbres, permite suponer que el «lavarse las manos antes de comer» no se hace entre los lectores cristianos del evangelio de Marcos.
¡Ay de aquellos que decretan leyes injustas y favorecen ordenamientos perjudiciales!
El punto de partida es la pregunta que se sugiere a los lectores acerca de su práctica religiosa: ¿conocen o incluso favorecen esas «prescripciones humanas», muchas de ellas con un marcado acento de prácticas externas y «mecánicas»?
I. En el primer desarrollo de la prueba (w. 6-8), aplicando Is 29,13 a los fariseos, se muestra que la palabra de Dios en la Escritura condena esa acción. Se advierte a los lectores sobre las meras «confesiones de labios» de la fe, en las cuales «el corazón» queda lejos.
II. En el segundo desarrollo de la prueba (w. 9-13), Jesús menciona como ejemplo la transgresión de la justicia social en las relaciones familiares (cuarto mandamiento), en la comunidad básica de la convivencia humana. Lo que los fariseos enseñan y hacen en perjuicio de los propios padres, es una abierta injusticia.
Segunda parte (14-23). El ser humano decide «en el corazón» las acciones correctas.
La enseñanza de Jesús con las explicaciones va mucho más allá del no lavarse las manos. Con esto se amplía también el punto de partida de la identificación de los lectores. Hay que rechazar el desprecio de los padres ancianos, de las minorías, de personas desfavorecidas o inválidas. Las palabras de Jesús se orientan en una doble dirección: la oposición interior/exterior y la oposición mandamiento central/práctica tradicional; la combinación de ambas ofrece al lector los principios, motivos y pistas para su acción:
I. vv. 14-15: La oposición interior/exterior
La dignidad del hombre y sus derechos y deberes son la nueva medida de las relaciones humanas.
El principio para valorar la acción moral y religiosa es la intencionalidad humana: sólo el interior del hombre como origen de la decisión humana constituye un valor para Dios.
Todas las prácticas y comportamientos exteriores deben juzgarse según procedan o no del interior y según se adapten o no al mandamiento central. No hay preferencias sociales ante Dios. «Pureza y santidad», valores religiosos, no pueden ser sencillamente impuestos «desde fuera».
En relación con las curaciones de leprosos y de otras personas «impuras» (1,40-45; 5,1-20; 5,24-34), esto significa: nada externo, ninguna ubicación social, ningún impedimento por enfermedad, por disminución de las facultades corporales o físicas, ninguna preferencia o desprecio de las personas por circunstancias históricas, pueden condicionar su verdadero valor ante Dios y ante los hombres.
Con esto Jesús no se dirige contra las legislaciones o constituciones de la sociedad. Pero se vuelve radicalmente contra leyes y tradiciones que no están enraizadas en el centro de los mandamientos, sino originadas por simple egocentrismo «humano» y que buscan ventajas personales a costa de los demás. Con mayor razón, Jesús condena el fingimiento y la falsedad de las personas que buscan fundamentar esas ventajas «en nombre del templo», es decir, de la fe.
II. w. 17-23: La oposición mandamiento central/práctica tradicional.
Todo obrar encuentra su valor y su medida en el mandamiento principal del amor a Dios y al prójimo.
Definitivamente lo más importante es educar el propio corazón «en el amor de Dios», es decir, en los dos mandamientos principales (cfr. 12,28-34).
El lector debe convencerse de prestar atención a la libre decisión de la persona, de su «corazón». Se trata de reflexionar, considerando las cosas, obrando de acuerdo al mandamiento principal del amor a Dios y al prójimo, que relaciona e ilumina los otros mandamientos y pone cada uno y cada cosa en su lugar.

