Poderosa Oración a San Juan Diego
La oración
Oh San Juan Diego, tú que fuiste elegido por Nuestra Señora de Guadalupe como instrumento para mostrar a tu pueblo y al mundo que el camino del cristiano es uno de amor, compasión, comprensión, valores, sacrificios, arrepentimiento de nuestros pecados, aprecio y respeto por la creación de Dios, y por encima de todo, uno de humildad y obediencia.
Tú que fuiste escogido para ser testigo de la manifestación de nuestra Madre celestial en el Tepeyac, intercede por nosotros ante el trono de nuestro Señor Jesucristo. Ayúdanos a comprender que el camino hacia Dios no siempre es fácil y que la vida moderna nos presenta desafíos que a menudo nos hacen perder de vista nuestras prioridades.
Sabemos que estás ahora en el Reino de nuestro Señor y cerca de nuestra Madre. Sé nuestro ángel y protégenos, guíanos en nuestro camino de fe para que podamos vivir nuestras vidas de acuerdo con los mandamientos de Dios.
Que tu intercesión nos ayude a orar a Dios, a través del Corazón de nuestra Señora de Guadalupe hacia el Corazón de Jesús, para obtener los dones del Espíritu Santo y usarlos para el bien de la humanidad y el bien de nuestra Iglesia. Concédenos la gracia que te pedimos, (menciona aquí la gracia que deseas recibir), si es la voluntad de Dios. Que así sea. Amen.

Quién era San Juan Diego
San Juan Diego es una figura emblemática de la Iglesia en México y América Latina. Según la tradición, nació en 1474 en Cuauhtitlán, perteneciente a la etnia de los chichimecas, y se llamaba Cuauhtlatoatzin, que en su lengua materna significaba «Águila que habla» o «El que habla con un águila». Como adulto y padre de familia, se sintió atraído por la doctrina de los PP. Franciscanos llegados a México en 1524, y recibió el bautismo junto con su esposa María Lucía. Tras celebrar su matrimonio cristiano, vivió castamente hasta la muerte de su esposa en 1529.
Juan Diego fue un hombre de fe y coherente con sus obligaciones bautismales, nutriendo regularmente su unión con Dios mediante la Eucaristía y el estudio del catecismo. El 9 de diciembre de 1531, mientras se dirigía a pie a Tlatelolco, en un lugar llamado Tepeyac, tuvo una aparición de la Virgen María. La Virgen le encargó que en su nombre pidiese al obispo Juan de Zumárraga la construcción de una iglesia en el lugar de la aparición. A pesar de que el obispo no aceptó la idea, la Virgen le pidió que insistiese.

Al día siguiente, Juan Diego volvió a encontrarse con el prelado, quien lo examinó en la doctrina cristiana y le pidió pruebas objetivas en confirmación del prodigio. El 12 de diciembre, mientras se dirigía de nuevo a la Ciudad, la Virgen se le volvió a presentar y le pidió que subiera hasta la cima de la colina de Tepeyac para recoger flores y traérselas a ella. A pesar de la fría estación invernal y la aridez del lugar, Juan Diego encontró unas flores muy hermosas, las colocó en su «tilma» y se las llevó a la Virgen, que le mandó presentarlas al obispo como prueba de veracidad.
Una vez ante el obispo, el Beato abrió su «tilma» y dejó caer las flores, mientras en el tejido apareció, inexplicablemente impresa, la imagen de la Virgen de Guadalupe, que desde aquel momento se convirtió en el corazón espiritual de la Iglesia en México. Movido por una tierna y profunda devoción a la Madre de Dios, Juan Diego dejó a los suyos, la casa, los bienes y su tierra, y pasó a vivir en una pobre casa junto al templo de la «Señora del Cielo».
Su preocupación era la limpieza de la capilla y la acogida de los peregrinos que visitaban el pequeño oratorio, hoy transformado en este grandioso templo, símbolo elocuente de la devoción mariana de los mexicanos a la Virgen de Guadalupe.
En espíritu de pobreza y de vida humilde, Juan Diego recorrió el camino de la santidad, dedicando mucho de su tiempo a la oración, a la contemplación y a la penitencia.

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