Santa gema Galgani, virgen, santo del día 4 de Abril.

Santa gema Galgani, virgen, santo del día 4 de Abril.

Santa Gema Galgani, virgen. Santo del día 4 de abril. (+1903)

Carta escrita por Santa Gema Galgani:

Jueves, 19 de Julio (1)
Se le aparece Jesús y le pone la corona de espinas en la cabeza.

19 de Julio.
Esta tarde, finalmente, después de seis días de padecimiento­s por la ausencia de Jesús, me he recogido un poquito. Me he puesto a orar, como acostumbro cada jueves; hubiera querido estar de rodillas, pero la obediencia quería que estuviera en la cama, y así lo hice; me puse a pensar en la crucifixión de Jesús. Al principio no sentía nada, pasados unos minutos comencé a sentir un poco de recogimiento: Jesús estaba cerca. Al recoger­me me sucedió lo que otras veces: se me fue la cabeza y me halle con Jesús, que sufría penas horrorosas.

¿Cómo ver sufrir a Jesús y no ayudarlo? Sentí entonces gran deseo de padecer y pedí a Jesús que me concediese esta gracia. Me contentó en seguida y sucedió como había sucedido otras veces: se me acercó, se quitó de su cabeza la corona de espinas y la puso sobre la mía, dejándome luego en paz. Veía que yo le miraba muy silenciosa, y comprendí en seguida el pensamiento que se me vino a la mente: pensé: Acaso Jesús ya no me quiere, porque acostumbra Jesús, cuando quiere darme a entender que me ama, a encajarme bien la corona sobre la cabeza o bien en torno a la misma, – Jesús lo entendió, y con sus manos me la aplicó bien a las sienes.

Son momentos dolorosos, pero al mismo tiempo felices. Así pasé una hora sufriendo con Jesús. Hubiera querido estar así toda la noche, pero como Jesús ama tanto la obediencia, se sometió él mismo a obedecer al confesor, y pasada una hora me dejó: quiero decir que ya no se dejó ver más de mi, pero aconteció una cosa que nunca había sucedido. Acos­tumbra Jesús, cada vez que me pone la corona en la cabeza, qui­tármela y ponérsela otra vez en la suya, al dejarme : ayer, en cambio, me la dejó hasta cerca de las cuatro.

A decir verdad, sufrí un poquito, pero, sin embargo, sólo una vez llegué a quejarme. Jesús me perdonará si alguna vez me quejo, pues es sin querer. El más ligero movimiento me causaba luego vivísimo dolor: mas era todo pura fantasía.

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