Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón.

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón.

San Antonio de Padua nos comenta este mandamiento:

«Amarás al Señor tu Dios». ‘Tu‘ Dios, se dice, y es una razón para amarle más y más; amamos más lo que nos pertenece que lo que nos es extraño. Es cierto, el Señor tu Dios merece ser amado, se hace tu siervo para que le pertenezcas y así no te avergüences de servirle… Durante treinta años, a causa de tus pecados, tu Dios se ha hecho tu siervo, para arrancarte de la servidumbre del diablo. Amarás, pues, al Señor tu Dios. Él, que te ha hecho, se ha hecho tu servidor por ti; se ha dado enteramente a ti para que tú te des enteramente a Él. Cuando tú eras desdichado, ha rehecho tu felicidad, se ha dado a ti para devolverte a ti mismo.

Amarás, pues, al Señor tu Dios «con todo tu corazón». ‘Todo’: no puedes guardarte ninguna parte de ti mismo para ti. Quiere la ofrenda de toda tu persona. Te ha comprado todo entero para él mismo, para poseerte, él solo, a ti todo entero. Amarás, pues, al Señor tu Dios con todo tu corazón. No sirve, como hicieron Ananías y Safira, conservar para ti una parte de ti mismo, porque entonces podrías perecer como ellos (Hch 5, 1s). Ama, pues, totalmente y no sólo parcialmente. Porque Dios no tiene partes; Él está entero en todas partes. No quiere compartir tu ser con otros, Él, que es todo entero en su Ser. Si te reservas una parte de ti mismo, eres tuyo, y no de Él.

¿Quieres poseerlo todo? Dale lo que eres, y te dará lo que Él es. No tendrás nada tuyo; pero lo tendrás a él mismo todo entero siendo tú mismo entero también.

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