• 26/09/2026

Un arquitecto católico para la historia: James McCrery diseñará el nuevo salón de baile de la Casa Blanca

Casa Blanca

Un arquitecto católico para la historia: James McCrery diseñará el nuevo salón de baile de la Casa Blanca

Elegancia clásica y belleza atemporal: la Casa Blanca será ampliada por un arquitecto que entiende la armonía entre arte y trascendencia.

En un anuncio que ha resonado tanto en los círculos políticos como en los culturales y religiosos, el presidente Donald Trump ha designado al arquitecto James McCrery como responsable del diseño del nuevo salón de baile de la Casa Blanca. La elección de McCrery no es un gesto menor: se trata de uno de los más reconocidos exponentes del renacimiento de la arquitectura clásica en Estados Unidos y diseñador de algunas de las iglesias católicas más bellas y reverentes del país.

El nuevo proyecto, que contempla la construcción de 90.000 pies cuadrados y una capacidad para 650 personas, multiplicará por más de tres la capacidad del actual Salón Este, que apenas puede acoger a 200 invitados. La obra —que comenzará en septiembre de 2025 y estará financiada íntegramente con donaciones privadas— está llamada a convertirse en un símbolo duradero del regreso a la arquitectura con alma, arraigada en la tradición y la nobleza de las formas clásicas.

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La elección de McCrery: una declaración de principios

McCrery no es un arquitecto cualquiera. Es el rostro del “nuevo clasicismo” en la arquitectura estadounidense, y ha dedicado su vida a demostrar que el diseño no está reñido con la belleza, la dignidad ni la historia. Su firma, McCrery Architects, ha dejado su huella tanto en edificios cívicos como en iglesias católicas de extraordinaria armonía arquitectónica, caracterizadas por cúpulas imponentes, plantas cruciformes y un lenguaje visual que remite al orden, la proporción y el sentido espiritual del arte.

En palabras recogidas en la declaración oficial, McCrery expresó su profundo honor por haber sido elegido: “El presidente Trump me ha confiado una labor que no solo tiene implicaciones estéticas, sino también históricas. Renovar la Casa del Pueblo manteniendo su elegancia clásica es una tarea que asumo con humildad y responsabilidad”.

El arquitecto conoce bien la magnitud de esta tarea. La Casa Blanca, joya arquitectónica del siglo XIX, ha permanecido casi intacta desde la administración de Truman. El nuevo salón de baile no será una ruptura, sino una continuidad respetuosa con el espíritu original del edificio, que desde su fundación ha simbolizado el equilibrio entre poder y belleza, tradición y presente.

Un maestro de la arquitectura sacra

James McCrery se ha destacado especialmente por su labor como arquitecto de iglesias y centros católicos universitarios, entre los cuales destaca la Catedral del Sagrado Corazón de Knoxville (Tennessee). Con una cúpula inspirada en Brunelleschi y una disposición que remite a los antiguos templos cristianos, esta iglesia ha sido descrita como un lugar donde “la belleza guía al alma hacia lo sagrado”.

Otras de sus obras notables incluyen la Capilla de Santo Tomás de Aquino y el Centro Newman de la Universidad de Nebraska en Lincoln, inaugurados en 2015 y considerados auténticos faros de belleza y fe en un mundo saturado de funcionalismo y fealdad.

El obispo James Conley, de la diócesis de Lincoln, lo resumió así: “La obra arquitectónica de James McCrery es magnífica. La belleza del edificio actúa como un imán que atrae a los estudiantes universitarios hacia lo divino”.

McCrery, convertido al catolicismo tras un largo camino intelectual y espiritual, ha hecho de su labor una auténtica vocación. Para él, la arquitectura clásica no es una nostalgia vacía, sino una sabiduría acumulada que refleja siglos de búsqueda de lo eterno a través de las proporciones, la luz y la materia. En una entrevista en 2013, McCrery afirmó: “Un químico no rechazaría la tabla periódica en nombre de la modernidad; sin embargo, eso es exactamente lo que ha hecho la arquitectura en el último siglo. Es absurdo. Hemos vivido una locura arquitectónica”.

Un proyecto nacional con alma universal

El nuevo salón de baile de la Casa Blanca no será simplemente un espacio para recepciones oficiales. Será, como han destacado varios expertos, una manifestación del redescubrimiento de la belleza como lenguaje político y cultural. En este contexto, la figura de McCrery resulta especialmente significativa: su obra va más allá del plano y el diseño; es una apuesta por una visión del mundo donde lo verdadero y lo bello no se separan.

El arquitecto Mark Ferguson, decano de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de América, donde McCrery es profesor, lo expresó con claridad: “James es uno de los arquitectos más cualificados del mundo para diseñar una ampliación que sea digna, acogedora y fiel al espíritu de la Casa del Pueblo. Ha formado a generaciones de arquitectos que entienden que la belleza no es un lujo, sino una necesidad”.

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Una obra para el futuro

El proyecto, que contará con una inversión de 200 millones de dólares, promete ser uno de los más importantes en la historia reciente de la residencia presidencial. Su finalización está prevista antes de que finalice el mandato del presidente Trump, y su inauguración podría convertirse en uno de los eventos arquitectónicos más relevantes de la década.

Duncan Stroik, colega y también referente en el resurgir de la arquitectura sacra tradicional, dijo: “El nombramiento de McCrery para este proyecto confirma lo que muchos ya sabíamos: que la arquitectura clásica no está muerta. Está viva, está renaciendo y tiene mucho que aportar a nuestro tiempo”.

Por su parte, Nicolas Charbonneau, director del Sacred Architecture Studio en Harrison Design, destacó que “el nuevo salón de baile representa una oportunidad histórica para demostrar que es posible hacer obras nuevas con un lenguaje antiguo. Es la prueba de que nuestra generación todavía puede construir algo digno y trascendente”.

Una Casa Blanca que abraza la tradición

El gesto del presidente Trump de encargar este proyecto a McCrery no es aislado. Durante su primer mandato, ya había nombrado a McCrery y Stroik miembros de la Comisión de Bellas Artes de EE.UU., reconociendo su contribución a la revitalización de la arquitectura pública con valores clásicos.

La Casa Blanca, símbolo nacional por excelencia, será así el escenario de una renovación que no mira al futuro negando el pasado, sino abrazándolo. El nuevo salón de baile, con su imponente presencia y su lenguaje arquitectónico atemporal, será un testimonio de que la belleza clásica aún tiene algo que decir en el siglo XXI, y que en medio del ruido moderno, aún hay arquitectos que construyen con el alma.

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