Comentario sobre la oración de alabanza que hizo San Simeón:

Comentario sobre la oración de alabanza que hizo San Simeón:

«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. 

Simeón los bendijo, diciendo a María su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.» Lucas 2, 22 – 35

Comentario sobre la oración de alabanza que hizo San Simeón:

La Biblia dice que fue llamado el Emmanuel, que quiere decir: “Dios con nosotros”. Dios quiere estar con cada uno de nosotros.

“Ánimo, que Dios está contigo”

Dice la Palabra, siguiendo este recorrido histórico: “Cuando se cumplieron los días en que ellos debían purificarse según la Ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén, al templo, para presentarlo al Señor. Lo hicieron así porque en la Ley del Señor estaba escrito: ‘Todo primogénito será consagrado al Señor’”. ¿Qué encontramos en ésta Palabra? -Esa preocupación de José y de María por cumplir con todas las exigencias y mandatos de la Ley de Dios. Y recordemos también que en nuestro corazón de cristianos católicos debe haber ese esfuerzo por cumplir los mandamientos de la Ley de Dios.

Uno puede ser buen cristiano católico ¿sin cumplir los mandamientos? –No. Necesitamos cumplir los mandamientos de la Ley de Dios, ese es el primer paso, reconocer que existe un Dios que nos dio unos mandamientos.

¿Cuántos mandamientos nos dio el Señor? –Diez mandamientos, pero que se encierran en uno solo: “Amar a Dios sobre todas las cosas y a los hermanos como a nosotros mismos”.

Y ¿Por qué Dios nos puso ese mandamiento? -Para enseñarnos que Él nos puso en esta tierra para amarle y servirle. Cada uno de nosotros fuimos creados para esto. Y entonces una persona cuando no busca la Misa, no está amando a Dios, no le está sirviendo, lo estaría haciendo mejor el perro que cuida la casa. Todo ser humano fue creado primero para amar a Dios, y necesitamos cada día buscarlo a Él.

“Necesitas buscar a Dios cada día de tu vida”

Necesitamos buscar a Dios. Lo primero es cumplir los mandamientos, y buscar a Dios. ¿Tenemos que abrir un hueco en la tierra, volar a las estrellas o bajar al fondo del mar para encontrar a Dios? –No. Lo buscamos a través de la Oración, de la Palabra y de los Sacramentos.

Hay que orar, porque la oración es la manera como nos abrimos a la acción de Dios. Y el que no pide, no recibe, y el que pide sí recibe. Eso lo estableció Dios. Primero cumplir los mandamientos y segundo recibir a Cristo en nuestros corazones, como el único Salvador. ¿Por qué necesitamos un Salvador? -Lo necesitamos, porque solo Él nos puede perdonar los pecados, necesitamos un Salvador porque dentro de nosotros, así como hay fuerzas positivas, también hay fuerzas negativas como la pereza, la violencia, la tristeza, la depresión, la amargura, el malgenio, la infidelidad. Es decir, dentro de nosotros hay unas fuerzas que nos halan a hacia abajo, y si tú no recibes a Cristo no hay quien te salve. Por eso la vida cristiana consiste en recibir a Cristo en nuestros corazones.

Y ¿Cómo lo recibimos? –Primero aceptándolo. Hay que decirle: “Jesús yo te acepto y te recibo en mi corazón”. Todos los días hay que decírselo, hay que recibir a Jesús a través de la Palabra de Dios, quien la recibe y la cumple, recibe a Nuestro Señor Jesucristo.

Y por medio de los Sacramentos. Cuando tú te confiesas ahí recibes el perdón de los pecados y la ayuda de Dios. El mundo está muy mal, en todo el ser humano hay fuerzas positivas que nos halan hacia arriba, pero así mismo hay fuerzas negativas que nos halan hacia abajo. El problema es que le hacemos más caso a las fuerzas negativas. Y por eso el mundo está muy  mal. Y sólo Cristo nos puede ayudar, el Cristo que está en la Iglesia Católica.

No es cómo lo dice y lo que dice el mundo. Mira en la prensa del domingo salió una serie de rituales, para tener paz, para tener suerte y para tener prosperidad. Pero yo te digo no es así, la vida cristiana no es hacer rituales, ni ponerse ropa de colores. La vida cristiana no es encenderle una vela a un santo, eso no es, eso no es malo, pero eso no lo manda en ninguna parte la Palabra de Dios. La Iglesia Católica jamás ha enseñado eso. No lo dice. En el Catecismo de la Iglesia Católica no se encuentra un texto que afirme que debemos encender velas a los santos, allí se nos habla de la oración, de la obediencia a la Palabra de Dios, de recibir los Sacramentos, de hacer obras de caridad.

La gente utiliza esas prácticas porque desconocen la Palabra de Dios y la doctrina de la Iglesia. Y desafortunadamente muchas veces somos ignorantes de la misma doctrina.

En esta parte nos encontramos con José y María que querían cumplir todo lo escrito en la Ley del Señor. Y para nosotros lo escrito en la Ley del Señor se llama: Biblia, se llama Palabra de Dios.

“Necesitas leer la Biblia cada día de tú vida”.

Dice la Palabra: “fueron pues a ofrecer es sacrificio, lo que manda el Señor: un par de tórtolas o dos pichones de paloma”. Viene un personaje importante, entra en esta escena. Dice el texto que: “Vivía en Jerusalén un hombre de nombre Simeón”.

La Biblia siempre nos presenta modelos. ¿Cómo tenemos que vivir en esta tierra? -Así como vivieron los hombres y mujeres de la Biblia.

¿Quién era Simeón? –Es un hombre de la Biblia. Era un hombre justo y piadoso. Justo: Que cumplía los mandatos de Dios y había recibido a Dios en su corazón.  Y piadoso: que hacía oración. ¿Será que en este tiempo habrá muchos hombres como Simeón, rectos y piadosos, mujeres como Simeón, niños y jóvenes como Simeón? –En realidad muy pocos.

Date cuenta porque el mundo está mal, porque nos hemos alejado del Señor.

Y cuando estamos lejos de Dios, cuando eso ocurre es igual a cuando tenemos una planta y la ponemos en un cuarto oscuro sin agua, ni aire ni sol. Y la planta con toda seguridad muere.

¿Qué te pasa a ti y a mí si nos alejamos de Dios? -Morimos espiritualmente, porque necesitamos a Dios, por eso hay que acercarnos a Él a través de la oración.

Dice el texto que Simeón esperaba la liberación de Israel. ¿Por qué esperaba la liberación, a cuál liberador esperaba Simeón? –Esperaba a Jesucristo. Él vino a la tierra para liberarnos de esa fuerza del pecado, y de las enfermedades. Jesús cuando estuvo en la tierra sanó enfermos, expulsó demonios, y ¿será que hoy existe gente enferma, endemoniada?

“Así como en los tiempos de Jesús, hoy en día el demonio tampoco está dormido”.

La Palabra dice: “El enemigo como león rugiente busca a quién devorar”. Entonces el demonio no está quieto, y por eso tiene niños metidos en los juegos de video y en la televisión, los tiene presos y no permite que tengan tiempo para Dios, ni para leer la Biblia, ni para recibir los Sacramentos, ni para participar de la misa. Y ahí está el enemigo como león rugiente. A los jóvenes los tiene con música, con rumba, con vicios, alcohol, drogas. Ahí está la obra de satanás con pecados muy concretos. Satanás nos ata, poniéndonos tentaciones y haciéndonos caer en el pecado.

Una persona que roba es esclava de satanás, igual que la que dice mentiras, y la que comete adulterio, la que busca la pornografía, el chisme, la violencia, el engaño, la trampa, y solo Cristo puede hacernos libres. Él vino para romper esas ataduras en nuestras vidas.

Dice además en la Palabra de Dios, que el Espíritu Santo moraba en el corazón de Simeón. Y esto es lo que quiero que guardes en tú corazón.

Es muy triste que la gente piense como millones de personas piensan, como muchos niños que creen que la Navidad es un tiempo de regalos, otros piensan que es la época de la natilla, los buñuelos y la rumba del 24 de diciembre, que solo es el tiempo de ir tras la borrachera de la fiesta.

Y Navidad es un tiempo donde Cristo quiere estar dentro de nosotros por medio del Espíritu Santo. Esa es la verdad de Dios, esa es la verdad. El Espíritu Santo quiere morar en nuestra mente y en nuestro corazón.

Aquí dice algo muy importante a cerca de Simeón, que “El Espíritu Santo lo guiaba y le había hecho saber que no moriría sin ver antes al Mesías, a quien el Señor enviaría”.

¿Será que hay personas que se han muerto sin conocer a Cristo, será que hay católicos que se han muerto sin conocer a Cristo? –Muchísimos. Porque mucha gente piensa que la vida cristiana es cumplirle a Dios y no nos damos cuenta que la vida cristiana es conocerlo a Él, conocer a Cristo por medio de la Palabra y recibirlo en nuestros corazones. Porque Él quiere obrar en la vida de cada uno de nosotros, en la vida de todos.

¿Sera que Dios está contento cuando nos ve en el pecado? –No, y solo Cristo nos puede librar del pecado. ¿Será que Dios está contento cuando nos hizo con tanto amor y nos ve por ahí tristes o aburridos? –No, Dios nos quiere ver felices, contentos de la vida, pero sin Cristo no es posible.

Por eso hay que tener a Cristo en nuestros corazones. ¿Será que Cristo está contento cuando nos ve con violencia, con odios y resentimientos en el corazón? –No, Dios quiere que tengamos paz en nuestros corazones y solo Cristo nos puede dar la paz que tanto necesitamos.

Cuidado, porque hay católicos, los he visto, que aunque rezaban y venían a la iglesia se murieron sin haber recibido a Cristo en su corazón, porque solo buscaban a Cristo los martes, y no lo buscaban a Él sino a Santa Marta. Hay muchas personas que hoy martes, no está buscando la Palabra de Cristo, no está buscando al Espíritu de Dios, está buscando encenderle una vela y hacerle una novena a Santa Marta. No es que sea malo, pero la fe esta descentrada, está desenfocada. El propósito de la vida cristiana es recibir a Nuestro Señor Jesucristo y que tú lo recibas. Él quiere hacer obras en cada uno de nosotros, y necesitamos que Él obre.

Dice la Palabra que Simeón fue allí al templo cuando José y María entraban para presentar a Jesús al Señor. Y Simeón tomo al niño en brazos y alabó a Dios: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”. La promesa de Dios para Simeón se estaba cumpliendo.

Qué triste es que el Padre nos haya enviado un Salvador y nosotros no lo queramos recibir. Qué triste es que en el pesebre nació uno que puede llenar nuestros corazones y a veces queremos llenar el corazón con el pecado, llenarlo de alcohol, de emociones, de apego por las personas, de materialismo, de consumismo. Pero el corazón del hombre fue hecho para ser llenado de Dios.

Por muchos juguetes que tenga un niño, necesita a Dios, por mucha música que escuche o rumba que viva un joven, su corazón va a estar vacío si no tiene a Dios, por mucho dinero que tenga un ser humano, por afectos que tenga, por sexualidad desordenada que tenga, el corazón estará vacío hasta que no reciba a Cristo.

Simeón dijo: “Me puedo morir en paz, porque he visto la Salvación que Dios ha realizado”. Y la realizó por medio de Nuestro Señor Jesucristo.

Qué bueno que nosotros pudiéramos decir como Simeón, que ya podemos vivir en paz y morir en paz, porque Dios nos envió a esta tierra para que lo buscáramos a Él y recibiéramos a Cristo.

Por eso está la Iglesia, para que tú recibas cada día más a Cristo, en la Palabra, en la Oración y en los Sacramentos. Hay que abrirle el corazón a Dios.

Dios te bendiga inmensamente. Artículo del Padre Eugenio que puedes encontrar en esta web: Cristo Rosario.

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