• 26/09/2026

Evangelio del día 28 de Septiembre 2020

Evangelio del día

Cita del evangelio del día: Lc 9,46-50

En aquel tiempo, se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor».

Tomando Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros».

Comentario del evangelio del día por San Clemente de Alejandría:

“Llevarán en brazos, dice la Escritura, a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo” (Is 66 12-13). La madre atrae hacia sí a sus hijos pequeños y nosotros buscamos a nuestra madre, la Iglesia. Todo ser débil y tierno, cuya debilidad tiene necesidad de ayuda, es gracioso, atrayente, hermosos; Dios no rechaza su ayuda a un ser tan joven. Los padres dedican una ternura especial a sus pequeños…De la misma manera, el Padre de toda la creación, acoge a los que se refugian en él, los regenera por el Espíritu y los adopta como hijos; conoce cuan dulces son y a ellos solos ama, ayuda, protege; y por ello les llama sus hijos pequeños (cf Jn 13, 33)…

El Santo Espíritu, por boca de Isaías, aplica al mismo Señor el término hijo pequeño: “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado…” (Is 9,5). ¿Quién es este hijo pequeño, este recién nacido, a imagen del cual somos hijos pequeños? Por el mismo profeta, el Espíritu nos describe su grandeza: “Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz” (v. 6).

¡Oh el gran Dios! ¡Oh el niño perfecto! El Hijo está en el Padre y el Padre está en el Hijo ¿Podría no ser perfecta la instrucción que nos da este niño pequeño? Ella nos engloba a todos para guiarnos a nosotros, sus hijos pequeños. Ha extendido sus manos sobre nosotros y en ellas hemos puesto toda nuestra confianza. Es de este hijo pequeño de quien Juan Bautista da testimonio: “He aquí, dice, el cordero de Dios” (Jn 1,29). Puesto que la Escritura nombra corderos a los hijos pequeños, llama “cordero de Dios” al Verbo de Dios que se ha hecho hombre por nosotros y ha querido ser, en todo, semejante a nosotros, él, el Hijo de Dios, el hijito del Padre.

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