Evangelio del día 6 de Septiembre 2019

Evangelio del día 6 de Septiembre 2019

Cita del evangelio del día: Lc 5,33-39

En aquel tiempo, los fariseos y los maestros de la Ley dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben». Jesús les dijo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días».

Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’».

Comentario del Evangelio del día por San Agustin de Hipona:

 

Que «nuestras cinturas permanezcan ceñidas y nuestras lámparas encendidas»; seamos «como servidores que esperan a que su dueño vuelva de la boda » (Lc 12,35). No seamos como esos impíos que dicen: «Comamos y bebamos, que mañana moriremos» (1Co 15,32). Cuanto más incierto es el día de nuestra muerte, más dolorosas son las pruebas de esta vida; y debemos ayunar y rezar más, porque efectivamente, mañana moriremos.

«Dentro de poco, les decía el Señor a sus discípulos, ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver» (Jn 16,16). Ahora, es la hora sobre la que dijo: «Vosotros lloraréis y os lamentaréis mientras el mundo estará» (v. 20); esta vida es un tiempo lleno de pruebas, donde viajamos lejos de él. «Pero, añade, volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría» (v. 22).

Mientras tanto la esperanza que así nos da el que es fiel a sus promesas, no nos deja sin alegría, hasta que seamos colmados por la alegría superabundante del día en que “ seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es» (1Jn 3,2), y donde «nadie podrá quitarnos esta alegría»… «Una mujer que da a luz, dice nuestro Señor, está afligida porque ha llegado su hora. Pero cuando el niño nace, experimenta una gran alegría porque al mundo le ha nacido un hombre» (Jn 16,21). Esta alegría nadie podrá quitárnosla y con la que seremos colmados cuando pasemos de la concepción presente de la fe, a la luz eterna. Ayunemos pues ahora, y roguemos, ya que estamos en los días del alumbramiento.

 

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