• 26/09/2026

Evangelio del día 8 de Septiembre 2019

Evangelio del día

Cita del evangelio del día: Lc 14,25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.

»Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

 

Comentario del evangelio del día por San Buenaventura:

El padre de Francisco lo quería hacer comparecer ante el obispo para que renunciara a todos sus derechos de heredero y le restituyese todo lo que aún poseía. Francisco, amante auténtico de la pobreza, se presta con agrado a la ceremonia, se presenta ante el tribunal del obispo y, sin esperar un instante, ni vacilar en absoluto, sin esperar una orden o pedir una explicación, se quita de presto sus vestidos y los devuelve a su padre… Llevado por su admirable fervor, embriagado por el Espíritu se quita hasta la ropa interior y, completamente desnudo delante de toda la asistencia, declara a su padre: “Hasta ahora te he llamado padre en la tierra; de aquí en adelante puedo decir con toda seguridad: “Padre Nuestro que estás en el cielo” ya que he confiado a él mi tesoro y entregado mi fe.”

El obispo, un hombre santo y lleno de dignidad, lloraba de admiración al ver hasta qué excesos lo llevaba su amor de Dios; se levantó, tomó al joven entre sus brazos, lo envolvió en su manto y le hizo traer algo para cubrirse. Le entregaron la pobre túnica de sayal de un criado del obispo; Francisco la recibe agradecido y recoge luego por el camino un trozo de yeso y traza la señal de la cruz sobre su vestido; era un hábito muy significativo para este hombre crucificado, pobre y medio desnudo. Así el servidor del Gran Rey fue despojado para seguir luego a su Señor desnudo y clavado en la cruz.

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