La verdadera vocación de los cristianos

La verdadera vocación de los cristianos

La verdadera vocación de los cristianos

 

La verdadera vocación de los cristianos no es otra que la de ser mártires. Esto no significa que todos los cristianos vayan a ser degollados o clavados en una cruz. Pero sí que su llamada es el camino de la cruz.

Para el cristiano, el evangelio es una invitación a esta cruz. Jesús nos dice que no hay mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Y: “amaos los unos a los otros como Yo os he amado.” Y San Juan evangelista, en su primera epístola, nos dice refiriéndose a Jesús: “Quien quiera ser como Él, debe vivir como Él vivió.”

Muchas son las referencias en la Biblia que expresan, dejándolo bien claro, que el camino a seguir es el mismo de Cristo. Los santos lo comprendieron rápidamente, la mayor expresión de amor es la de la cruz y no hay otro camino que lleve a la vida y a la felicidad eterna.

Sería absurdo pensar que todo lo que vivió Jesús no fue para ser imitado, y no sería nada serio pensar que su vida no fue para ser vivida. La tentación fácil, resultado de nuestra falta de amor, es decirnos que no podemos, que es imposible llegar donde Él. Pero, como dice un hermano mío en la fe: Si tú quieres, Él puede!

Jesús nos enseña un camino de plenitud, de felicidad, de entrega total, un camino de amor perfecto. Podemos seguirlo sin miedo. En él encontraremos obstáculos, pero la gracia de Dios vendrá en nuestro auxilio.

Todos debemos seguir el mismo camino para la unidad, este es el camino de la Cruz. ¡Hay que decir Sí! ¡Sin miedo! Confiando en que lo que Dios dispone para cada uno es lo mejor, es lo que nos conducirá a la felicidad.

El problema es que cuando pensamos en la cruz imaginamos todo tipo de males. Sin embargo, lo que se fabrica en la imaginación tan solo es fantasía.

El camino de la Cruz es diferente para todos, pero es una misma Cruz. Es la Cruz de Cristo en cada uno de nosotros. Con diversas formas de expresión. Por ejemplo, un hombre vivirá toda su vida gozando de salud y al final de la misma morirá dolorosamente de una enfermedad. Esa fue su cruz, pero también, en ella, está representada la de Cristo.

El soldado quizás muera en combate y el bombero salvando vidas. Hay muchos tipos de muerte, pero en todas ellas, en el dolor y en el sufrimiento, está Cristo.

Cuando el cristiano huye, hipnotizado por culturas que rechazan el dolor como algo malo o porque tiene miedo a sufrir, está cogiendo otro camino que no es el de Cristo. Y por esa senda encontrará todo tipo de errores que lo extraviarán cada vez más.

No en vano nacemos llorando, tenemos frío en invierno, sufrimos calor en verano, nos duelen las muelas, nos resfriamos, nos enfermamos y padecemos todo tipo de males. Es porque nuestra vocación es la cruz. Cuando seamos plenamente conscientes de esta realidad y la aceptemos felizmente, toda nuestra voluntad alcanzará todo su potencial en Dios. Y con ello, la libertad del que sabe que en Cristo esta la plenitud de la felicidad. El dolor aceptado con amor trae con él la gracia de Dios y la paz.

Por eso San Pablo dijo: “Ya no soy yo que vivo, sino Cristo que vive en mi.”

 

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