Los principio de la Iglesia Católica

Los principio de la Iglesia Católica

1. Fundación de la Iglesia

 

Después de treinta años de vida oculta, Jesucristo comienza su vida pública, predicando la Buena Nueva, el Evangelio. Con sus milagros y profecías Jesús demostró que era el Mesías, el Hijo de Dios hecho hombre. La vida pública culminó con la fundación y organización de una comunidad espiritual, la Iglesia. De entre sus discípulos, Jesús escogió a doce, a quienes llamó Apóstoles, que serán las columnas fundamentales de su Iglesia y los continuadores de su misión divina. Jesús eligió a Pedro como jefe supremo de la Iglesia: “Simón, Yo te digo que tu eres piedra, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mateo 16,18). Los Apóstoles fueron los siguientes: Simón Pedro y su hermano Andrés, los hermanos Santiago y Juan, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Santiago el Menor, Judas Tadeo, Simón Cananeo y Judas Iscariote, el traidor. 
2. La venida del Espíritu Santo
Tal y como había profetizado Jesús, murió y resucitó al tercer día. Durante cuarenta días se apareció varias veces a sus discípulos a quienes prometió que les enviaría el Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad. Terminaron su misión, el Señor reunió a sus discípulos en el Monte Olivete, cerca de Jerusalén; se despidió de ellos y, en presencia de su Madre, la Virgen María, se elevó hacia el cielo hasta que una nube le cubrió. Los Apóstoles volvieron a Jerusalén y se encerraron en el Cenáculo en compañía de la Virgen María, y algunos discípulos. Eligioeron a Matías para sustituir al traidor Judas Iscariote y se retiraron para hacer oración y esperar la venida del Espíritu Santo. Tal y como había prometido el Señor, a los diez días de su Ascensión a los cielos vino el Espíritu Santo sobre los Apóstoles en el Cenáculo. De repente, se produjo un estruendo como de viento impetuoso y vieron aparecer lenguas de fuego que se colocaron sobre cada una de las cabezas de los Apóstoles. Se llenaron del Espíritu Santo y empezaron a alabar a Dios en distintos idiomas. Las muchedumbres que oían a los Apóstoles estaban maravilladas de lo que oían y veían.
3. Primera predicación de San Pedro
Con motivo de la fiesta de Pentecostés muchos judíos de distintas naciones fueron a Jerusalén. Al enterarse de lo que había sucedido en el Cenaculo quisieron saber más; Pedro aprovechó la ocasión para recordar que ese prodigio había sido anunciado por los profetas y por Jesucristo. Pedro terminó el sermón diciendo: Tenga por cierto todo Israel que Jesús, a quien vosotros habéis crucificado, ha resucitado y está a la diestra de Dios y ha recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo. Al oír las palabras de Pedro se convirtieron tres mil personas. Pronto siguieron otras conversiones y aumentaron rápidamente el número de fieles en la Iglesia. Con la curación milagrosa de San Pedro a un cojo de nacimiento aumentó a cinco mil el numero de fieles.
4. La primera comunidad de la Iglesia
En un principio los fieles de la Iglesia iban al templo de Jerusalén para hacer oración, como hacían los judíos. Pronto empezaron a reunirse en las casas particulares para perseverar en la oración, en la catequesis y en la fracción del pan. Se amaban mucho entre ellos tenían un solo corazón y una sola alma. Los ricos entregaban todo lo que tenían a los Apóstoles, para que ellos lo repartieran entre los pobres. Los primeros fieles de la Iglesia eran todos judíos: uno de cultura judía y otros venidos de colonias judías del extranjero, de cultura helenista. Los fieles de cultura helenista le dijeron a los Apóstoles que sus pobre sus pobres y viudas eran mal atendidos en las distribuciones diarias de alimentos. Los Apóstoles decidieron elegir a siete hombres de buena fama para encargarles los ministerios materiales de la Iglesia. Fueron los primeros diáconos de la Iglesia, entre los que se distinguió San Esteban.
5. Primera persecución contra la Iglesia
Los judíos que persiguieron al Señor hasta crucificarle no podían soportar que los discípulos de Jesús atrajeran a tanta gente a su Iglesia y, movidos por su odio, empezaron la persecución contra los discípulos del Resucitado. El Sanedrín mandó encarcelar a Pedro y Juan y les prohibieron predicar el nombre de Jesús. Los apóstoles les respondieron: Es necesario obedecer antes a Dios que los hombres. El Sanedrín les dio la libertad por temor al pueblo. Volvieron a meterlos en la cárcel y, a los pocos días, un ángel los sacó por la noche. Cada vez más irritados, por la inutilidad de sus esfuerzos, se reunieron de nuevo los príncipes de los sacerdotes para organizar la muerte de los Apóstoles. Un doctor de la Ley, llamado Gamaliel, se opuso a todos ellos diciendo: Dejad a esa gente; si su empresa viene de los hombres se desvanecerá por si misma; pero si por el contrario viene de Dios, no podréis destruirla.
Los primeros cristianos se amaban unos a otros como Cristo les había enseñado. Ese mismo amor hacia que no tuvieran miedo a los enemigos de la Iglesia y responderles con valentía que se ha de obedecer antes a Dios que a los hombres. Pidamos al Señor que nosotros seamos fieles a la doctrina de Cristo y a su Iglesia.
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