Persecución religiosa en Japón
Durante 265 años, Japón se mantuvo en un estado de aislamiento autárquico durante el período del shogunato Tokugawa o el período Edo, que duró desde 1603 hasta 1868. Durante este tiempo, los cristianos convertidos, tanto campesinos como samuráis, tomaron las armas contra la persecución. Aquellos que sobrevivieron y otros que escaparon a la muerte se convirtieron en «Kakure Kirishitan», los «cristianos ocultos» de los nuevos «catacumbas» japonesas. A pesar de las duras persecuciones, estos cristianos mantuvieron su fe en secreto y desarrollaron sus propios ritos y prácticas religiosas.

Fue en 1865 cuando estos cristianos ocultos volvieron a emerger después de haber sido perseguidos y escondidos durante más de dos siglos y medio. La Basílica de los Veintiséis Santos Mártires de Japón, también conocida como la Iglesia Ōura, construida en Nagasaki por los misioneros franceses Louis-Théodore Furet y Bernard Petitjean en honor a los primeros mártires católicos de Japón, fue el lugar donde los primeros cristianos ocultos se presentaron a sí mismos en 1865. Fue el comienzo de la redescubrimiento de estos cristianos, y pronto miles y miles de ellos se presentaron en la luz.
En 2015, la Iglesia Católica celebró el 150 aniversario de este evento histórico. El Papa Francisco se mostró particularmente interesado en la historia de los cristianos japoneses y en la forma en que mantuvieron su fe en secreto durante siglos. Durante una audiencia general en enero de 2014, el Papa habló sobre la importancia del bautismo para el pueblo de Dios y cómo la historia de la comunidad cristiana en Japón es ejemplar en este sentido. La comunidad sobrevivió a pesar de la persecución gracias al bautismo y la fe y la oración se mantuvieron en secreto.

En una reunión con los obispos de la Conferencia Episcopal Católica de Japón en marzo de 2015, el Papa Francisco describió la historia de los cristianos ocultos de Japón como «los dos pilares de la historia católica en Japón». Estos pilares son la actividad misionera y los «cristianos ocultos», que «continúan apoyando la vida de la Iglesia hoy y ofrecen una guía para vivir la fe».
El Papa también destacó la importancia de la participación activa de los laicos en la Iglesia, especialmente en relación con la historia de los cristianos ocultos de Japón. Señaló que «el trabajo de fomentar la vida de la Iglesia y de evangelizar requiere la participación plena y activa de los fieles laicos».
En resumen, la historia de los Kakure Kirishitan es un testimonio poderoso de la perseverancia de la fe en tiempos de persecución. A pesar de la opresión y el aislamiento, estos cristianos mantuvuvieron su fe en secreto durante siglos, desarrollando ritos y prácticas distintas a las de la iglesia oficial. Fue solo después de la apertura de Japón al mundo exterior en el siglo XIX que los Kakure Kirishitan comenzaron a salir de su clandestinidad y reunirse abiertamente como comunidad.

Hoy en día, su legado vive a través de la iglesia católica en Japón y su ejemplo sigue inspirando a los fieles a perseverar en la fe incluso en tiempos difíciles. La historia de los Kakure Kirishitan también ha sido reconocida por el Papa Francisco, quien ha elogiado su ejemplo de perseverancia en la fe y su papel como pilares de la historia católica en Japón. En resumen, la historia de los Kakure Kirishitan es una poderosa lección de fe, resistencia y perseverancia en tiempos de adversidad.
Fuente: Bitter Winter
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