Santo del día 12 de Enero: San Victoriano

Martirologio Romano: En el monasterio de Asán, en la región de Barbastro, del Reino de Aragón, san Victoriano, que, habiendo nacido en Italia, abrazó la vida monástica, y estando dedicado a la oración en la soledad de las montañas pirenaicas, aceptó la responsabilidad de dirigir el monasterio que después llevó su nombre. (478-568). Nació en Italia. De joven había brillado en las escuelas de su tierra. A los 20 años dejó los libros, las tierras y el palacio de sus padres, y comenzó una vida errante. Era un individuo con suerte. Allí donde se plantaba, surgía un monasterio; cerca ponía un hospital. Y cuando empezaba a ser conocido y veía que su obra funcionaba, tomaba de nuevo su bordón de peregrino, y otra vez en marcha.
Así salió de su patria, cruzó los Alpes, atravesó Francia, atravesó los Pirineos y se quedó en sus estribaciones, en las montañas de Huesca, en la gruta de la Peña Montañesa. Tenía 44 años y allí vivía feliz en la soledad. Pero le duró poco la felicidad, y lo que le ocurría siempre, le sucedió aquí. Pronto se le juntaron otros anacoretas, y empezaron a llegar enfermos. Hasta los reyes como Teudis, se acercaban para aconsejarse. Victoriano, sediento de soledad, se resignaba y en vez de seguir sus gustos, se acoplaba a los que la Providencia le iba señalando. Bajó la montaña y en sus faldas fundó un santuario, hoy en ruinas, que se llama San Victoriano de Asán.

Los últimos años de su vida los vivió entregado a restaurar la vida religiosa y literaria de su nueva patria. A los anacoretas les convirtió en cenobitas. Tuvo como discípulos a san Gaudioso, obispo de Tarazona, y san Nazario, que fue abad y gran impulsor del ascetismo en España y que celebramos también en este día. En el lecho de muerte, Victoriano, pidió a sus monjes, que guardasen la unidad y la paz.


En su sepulcro, la inscripción funeraria dice así: “Aquí descansa el abad Victoriano, grande como Pablo, ilustre como Antonio. A semejanza de Cristo, obró lo que enseñó. Llenó la Iberia y las Galias de enjambres monásticos, y puso en ellos ancianos venerables que le obedecían como a padre y maestro. Terminada en paz su peregrinación, emigró a la gloria”.

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