El dominio de sí según los padres del desierto

El dominio de sí según los padres del desierto

Los mejores consejos sobre el dominio de sí:

1.- Unos hermanos de Scitia quisieron ver al abad Antonio. Se embarcaron en una nave y se encontraron en ella un anciano que también quería ir donde Antonio. Pero los hermanos no lo sabían. Sentados en el barco hablaban de las sentencias de los Padres, de las Escrituras y de sus trabajos manuales. El anciano guardaba silencio. Al llegar al puerto supieron que también él iba en busca del abad Antonio. Cuando se presentaron, el abad Antonio les dijo: «Buen compañero de viaje encontrasteis en este anciano». Y luego dijo al anciano: «Padre, has encontrado unos buenos hermanos». Pero el anciano le respondió: «Son buenos pero su habitación no tiene puerta. En su establo entra todo el que quiere y desata el asno». Esto lo decía porque los hermanos hablaban de todo lo que pasaba por su cabeza.

2.- El abad Daniel contaba que el abad Arsenio pasaba la noche en vela. Después de velar toda la noche, cuando al amanecer quería dormir, por las exigencias de la naturaleza, decía al sueño: «Ven, siervo malo», y sentado dormía furtivamente un poco y en seguida se levantaba.

3.- El abad Arsenio decía: «Al monje le basta dormir una hora, si es un luchador».

4.- El abad Daniel decía: «El abad Arsenio ha vivido muchos años con nosotros y cada año le suministrábamos una escasa ración de alimentos. Y sin embargo, siempre que íbamos a verle comíamos de ella».

5.- Decía también el abad Daniel, que el abad Arsenio no cambiaba más que una vez al año el agua de las palmas, contentándose con añadir lo necesario el resto de las veces. Hacia esteras con las palmas y las cosía hasta la hora de sexta. Le preguntaron los ancianos por qué no cambiaba el agua de las palmas, que olía mal. Y les dijo: «A cambio de los perfumes y de los ungüentos olorosos que usaba en el mundo, es preciso que utilice ahora este agua que hiede».

6.- Se decía del abad Agatón que durante tres años se había metido una piedra en la boca, hasta que consiguió guardar silencio.

7.- El abad Benjamín, presbítero en las Celdas, fue un día a un anciano de Scitia y quiso darle un poco de aceite. Este le dijo: «Mira donde está el vasito que me trajiste hace tres años: donde lo pusiste allí sigue». Al oír esto, nos admiramos de la virtud del anciano.

8.- Se contaba lo siguiente del abad Dióscoro de Namisias: «Comía pan de cebada y de harina de lentejas. Y cada año se ponía la observancia de una práctica concreta. Por ejemplo, no ir en todo el año a visitar a nadie, o no hablar, o no tomar alimentos cocidos, o no comer ni frutas ni legumbres. Y así procedía en todas sus obras. Y apenas terminada una cosa, comenzaba otra, y siempre durante un año».

9.- El abad Evagrio dijo que un anciano le había dicho: «Aparto de milos deleites carnales para evitar las ocasiones de ira. Pues sé muy bien que la cólera me combate con ocasión de estos deleites, turbando mí espíritu y ahuyentando el conocimiento de Dios».

10.- Epifanio, obispo de Chipre, envió un día a decir al abad Hilarión: «Ven para que nos veamos antes de morir». Se encontraron y mientras comían les trajeron un ave. El obispo se la ofreció al abad Hilarión, pero el anciano le dijo: «Perdona, Padre, pero desde que vestí este hábito no he comido carne». Epifanio le respondió: «Yo, desde que tomé este hábito, no he permitido que nadie se acostara teniendo algo contra mí, ni he dormido nunca teniendo algo contra alguno». E Hilarión le dijo: «Perdóname, tu práctica es mejor que la mía».

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