Los mejores consejos sobre el dominio de sí según los padres del desierto

Los mejores consejos sobre el dominio de sí según los padres del desierto

1.- El abad Zenón, caminando un día a Palestina, sintió cansancio, y se sentó para comer junto a un campo de pepinos. Y su espíritu le empujaba diciendo: «Toma un pepino y cómelo. ¿Qué valor tiene un pepino?». Pero él respondió a su pensamiento diciendo: «Los ladrones son llevados al suplicio. Pruébate a ti mismo para ver si puedes soportar los tormentos». Se levantó y se puso cinco días a pleno sol y mientras se tostaba decía: «No puedo soportar los tormentos». «Pues si no puedes soportarlos, no robes para comer», concluyó.

2.- Dijo el abad Teodoro: «La falta de pan extenúa el cuerpo del monje». Pero otro anciano decía: «Las vigilias lo extenúan más».

3.- El abad Juan, que era de pequeña estatura decía: «Cuando un rey quiere tomar una ciudad a los enemigos, primero les corta el agua y los víveres, para que agotados de hambre capitulen. Lo mismo ocurre con las pasiones carnales: si el hombre vive en ayuno y hambre, los enemigos que tientan su alma se debilitan».

4.- Dijo también: «Subía un día por el camino que lleva a Scitia, con un fardo de palmas. Vi un camellero gritando, que me empujaba a la cólera. Abandoné mi carga y huí».

5.- El abad Isaac, presbítero de las Celdas, dijo: «Conozco a un hermano que, recogiendo la cosecha en un campo, quiso comer una espiga de trigo. Y dijo al dueño del campo: “¿Puedo comer una sola espiga?”. Este, admirado, le respondió: “Padre, el campo es tuyo ¿y me preguntas?”». Hasta tanto llegaba la delicadeza de este hermano.

6.- Un hermano preguntó al abad Isidoro, anciano de Scitia: «¿Por qué te temen tanto los demonios?». Y el anciano respondió: «Desde que soy monje me he esforzado en impedir que la cólera suba a mi garganta».

7.- Decía también que durante más de cuarenta años, en los cuales se había sentido interiormente empujado al pecado, nunca había consentido ni a la concupiscencia, ni a la ira.

8.- Decían del abad Macario que cuando descansaba con los hermanos se había fijado esta norma: si había vino, bebía en atención a los hermanos, pero luego por cada vaso de vino pasaba un día sin probar agua. Y los hermanos, pensando que le daban gusto, le ofrecían vino. Y el anciano lo tomaba con alegría para mortificarse después. Pero uno de sus discípulos que conocía su norma, dijo a los hermanos: «Por amor de Dios, no le deis vino, que luego se atormenta en su celda». Cuando los hermanos lo supieron nunca más le dieron vino.

9.- El abad Macario el mayor, decía en Scitia a los hermanos: «Después de la misa en la iglesia, huid, hermanos». Y uno de ellos le preguntó: «¿Padre, dónde podremos huir más lejos de este desierto?». El abad puso su dedo en la boca y dijo: «De esto, os digo, que tenéis que huir». Y él entraba en su celda y cerrando la celda se quedaba solo.

10.- Dijo el abad Macario: «Si queriendo reprender a alguno, te domina la ira, satisface tu propia pasión. Por salvar a tu prójimo, no debes perderte tu».

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