Evangelio del día 1 de Mayo 2019

Evangelio del día 1 de Mayo 2019

El evangelio del día nos cuenta que:

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios».

Cita del evangelio del día: Jn 3,16-21

San Francisco de Sales nos comenta el evangelio del día:

El amor consiste en la final, inmutable y eterna unión con Dios, unión del alma con su Dios. Y ¿qué es esta unión? 

A medida que nuestros sentidos encuentran objetos agradables y excelentes, se aplican más ardiente y más ávidamente a gozar de ellos: cuanto más bellas son las cosas, agradables a la vista y debidamente iluminadas, con más ardor las contempla el ojo; cuanto más dulce y suave es la voz o la música, más atraen la atención del oído. 

Cada objeto ejerce una poderosa, pero amable violencia sobre el sentido al que va destinado; violencia más o menos fuerte, según que la excelencia sea mayor o menos, siempre que sea proporcionada a la capacidad del sentido que va a gozar de él, porque el ojo, que tanto se complace en la luz, no puede soportar sus excesos, por eso no soporta mirar fijamente al sol. Y por bella que sea una música, si es muy fuerte y está demasiado cerca, nos importuna y ofende nuestros oídos. 

La verdad es que el objeto de nuestro entendimiento y éste, por tanto, tiende a descubrir y conocer la verdad de las cosas; y según las verdades sean más excelentes, más atentamente y con más delicia se aplicará nuestro entendimiento a considerarlas. 

Y cuando nuestro espíritu, elevado por encima de la luz natural, comienza a ver las verdades sagradas de la fe, ¡qué alegría!, Teótimo, el alma se funde de placer. 

¡Qué deliciosa es la santa luz de la fe!, por la cual sabemos con una certeza sin igual, no solo la historia del origen de las criaturas y el debido uso que hay que hacer de ellas, sino también la historia del nacimiento eterno del Verbo Divino, por quien todo se ha hecho, y el cual, junto con el Padre y el Espíritu Santo, es un solo Dios, único, adorabilísimo y bendito por los siglos de los siglos.

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