Evangelio del día 23 de agosto 2019

Evangelio del día 23 de agosto 2019

Cita del evangelio del día: Mt 22,34-40

En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».

Evangelio del día comentado por San Roberto Belarmino:

¿Qué es, Señor, lo que mandas a tus siervos? «Cargad, nos dices, con mi yugo». ¿Y cómo es este yugo tuyo? «Mi yugo, añades, es llevadero y mi carga, ligera». ¿Quién, no llevará de buena gana, un yugo que no oprime, sino que anima; una carga que no pesa, sino que reconforta? Con razón añades: » y encontraréis vuestro descanso» (Mt 11,29). ¿Y cuál es este yugo tuyo, que no fatiga sino que da reposo? Por supuesto aquel mandamiento, el primero y el más grande: «Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón». ¿Qué más fácil, más agradable, más dulce que amar la bondad, la belleza y el amor, todo lo cual eres tú, Señor Dios mío?

¿Acaso no prometes además un premio, a los que guardan tus mandamientos «más preciosos que el oro y más dulce que la miel del panal»? (Sal. 18,11) Por cierto que sí, y un premio grandioso, como dice tu apóstol Santiago: «El Señor preparó la corona de vida para aquellos que lo aman» (1,12)… Y así dice san Pablo, inspirándose en el profeta Isaías: » Ni el ojo vió, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman » (1Co 2,9)

En verdad, es muy grande el premio que proporciona la observancia de tus mandamientos. Y no sólo aquel mandamiento, el primero y el más grande es provechoso para el hombre que lo cumple, no para Dios que lo impone, sino que también los demás mandamientos de Dios, perfeccionan al que los cumple, lo embellecen, lo instruyen, lo ilustran, lo hacen en definitiva bueno y feliz. Por esto, si juzgas rectamente, comprenderás que has sido creado para la gloria de Dios y para tu eterna salvación, comprenderás que éste es tu fin, que éste es el objetivo de tu alma, el tesoro de tu corazón. Si llegas a este fin, serás dichoso, si no lo alcanzas, eres un desdichado.

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