¿Judas estaba poseído por Satanás? La impactante experiencia de un exorcista católico
Cada Semana Santa, los cristianos reviven el misterio de la traición de Judas Iscariote. Pero, ¿fue Judas simplemente un traidor… o estaba realmente poseído por el demonio? ¿Puede un ser humano llegar a abrir tanto su alma al mal que Satanás entre en él?
Estas preguntas encuentran una sorprendente y aterradora respuesta en la experiencia personal del reconocido exorcista Monseñor Stephen Rossetti, quien ha dedicado su vida al ministerio de la sanación espiritual y la liberación.
En este artículo descubrirás no solo qué dicen los Evangelios sobre la posesión de Judas, sino también un testimonio real de un exorcismo en el que Judas se manifestó, revelando verdades profundas sobre el pecado, la desesperación y la misericordia de Dios.

Lo que dicen las Escrituras sobre Judas y Satanás
La Biblia no deja lugar a dudas: Judas abrió su alma al enemigo. En Lucas 22,3 se lee claramente:
“Entonces Satanás entró en Judas”.
El Evangelio de Juan es aún más gráfico. Nos narra el momento exacto en que esto sucedió:
“Después de haber tomado el bocado, Satanás entró en él” (Jn 13,27).
Muchos estudiosos interpretan que este bocado fue nada menos que la Sagrada Eucaristía, recibida sin fe, en estado de traición. Judas, al comulgar indignamente, abrió de par en par su alma al mal. Abandonó el cenáculo, y el evangelista añade con tono sombrío:
“Era de noche” (Jn 13,30).
Una experiencia real de exorcismo: ¿el alma de Judas se manifestó?
Monseñor Rossetti relata un exorcismo particularmente difícil en el que se enfrentaba a cientos de demonios organizados en capas. Cada cohorte tenía un líder, cuyo nombre debía revelar para que pudiera ser expulsado.
En cierto punto, ocurrió algo extraordinario:
“Pregunté el nombre del líder, y me respondió: ¡Judas!”.
Sorprendido, Rossetti cuestionó si se trataba de un demonio usando ese nombre o si era el verdadero Judas Iscariote. La respuesta fue estremecedora:
“Con un grito de vergüenza, respondió que él era realmente el hombre”.
Lo más impactante llegó después: Judas fue expulsado por una presencia espiritual aún más poderosa. Cuando Rossetti preguntó cómo había sucedido, los demonios respondieron:
“Ella lo echó fuera”.
Sin duda, se referían a la Virgen María, madre de Jesús y enemiga irreconciliable de Satanás.
¿Está Judas en el infierno?
La Iglesia Católica no ha declarado nunca que ninguna persona específica esté en el infierno, ni siquiera Judas. Sin embargo, las palabras de Cristo son estremecedoras:
“Más le valdría a ese hombre no haber nacido” (Mt 26,24).
Rossetti concluye que si su experiencia fue auténtica, Judas se perdió eternamente. Su pecado no fue solo la traición, sino la desesperación. No creyó en la misericordia de Dios y, según el Evangelio, se ahorcó (Mt 27,5), rechazando así el perdón divino.

El mayor pecado: rechazar la misericordia de Dios
El mensaje que nos deja este relato no es solo de advertencia… sino también de esperanza.
Nadie está fuera del alcance de la misericordia de Dios.
El único que se condena es quien rechaza esa misericordia.
Rossetti relata el caso de una mujer que creía que Dios estaba enojado con ella y no la perdonaría, pese a su arrepentimiento. Pero esa voz acusadora que oía en su mente no era la de Dios, sino la de Satanás.
¿Y tú? ¿Escuchas la voz de Dios o del enemigo?
Durante la Semana Santa, la figura de Judas nos invita a una reflexión profunda:
¿Nos creemos realmente perdonados? ¿O nos dejamos arrastrar por la voz de la desesperanza y la culpa?
La cruz de Cristo es la prueba eterna de que el amor de Dios no tiene límites. La única condición es acercarse a Él con humildad y arrepentimiento sincero.
Conclusión: Judas, la traición y la elección de cada alma
Judas nos recuerda que ningún ser humano está exento de la lucha espiritual. Él caminó con Jesús, lo escuchó, lo vio obrar milagros… y sin embargo, abrió su corazón al diablo.
El mayor peligro no es el pecado, sino permanecer en él y desesperar del perdón.
Cristo en la cruz te dice hoy lo mismo que le dijo al buen ladrón:
“Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,43).
Solo tienes que querer regresar.
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