San Francisco de Sales y el Corazón de Jesús

San Francisco de Sales y el Corazón de Jesús

Algunas consideraciones acerca del sagrado Corazón de Jesús por San Francisco de Sales:

Cuando muere algún príncipe o algún señor distinguido de muerte inesperada, es costumbre abrirle rápidamente el cuerpo para saber de qué enfermedad ha muerto.
Muerto Nuestro Señor, uno de los soldados le dio una lanzada y le abrió el costado del lado del corazón, y habiendo abierto su costado, vieron que había muerto de verdad, pero de la enfermedad de su corazón, es decir de amor.

Sermón, San Juan, Puerta Latina de San Francisco de Sales sobre el Corazón de Jesús:

“¡Cuántos dolores en la Cruz traspasaron el corazón de mi Salvador. Pero, en cuanto a mi, pienso que el mayor dolor que padeció el Corazón de Nuestro Señor fue causado por la ingratitud de los cristianos, al ver que muchos despreciarían su muerte y no aprovecharían su Pasión…y que su Redención, tan copiosa, sería ineficaz.

Sermón.

Teótimo, el dulce Jesús, que nos ha rescatado por su sangre, desea infinitamente que le amemos para que estemos eternamente salvados, y desea que seamos salvados para que le amemos eternamente, tendiendo su amor a nuestra salvación y nuestra salvación a su amor. Ea, dice, he venido para prender fuego al mundo, ¿que pretendo yo sino que arda? Pero para declarar más vivamente el ardor de este deseo, nos manda este amor en términos admirables.
Amarás, dice, al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu alma, todas tus fuerzas, es el primer y mayor mandamiento! ¡Dios mío! Teótimo ¡cuán enamorado está el corazón divino de nuestro amor! ¿No bastaba que hubiese publicado un permiso dándonos licencia para amarle, como Labán permitió a Jacob que amara a su hermosa Raquel y la conquistara por sus favores? Pues no, declara todavía más profundamente su pasión amorosa hacia nosotros y nos manda amarle todo lo que podemos para que, considerando su Majestad y nuestra miseria, que conforman tan infinita disparidad y desigualdad entre Él y nosotros, ni tampoco ningún pretexto, nos pueda distraer de amarle.
Con lo cual da fe, Teótimo, que no nos ha dejado en balde la inclinación natural para amarle; pues para que no quede sin provecho, nos anima a que la usemos con este mandamiento general y para que este mandamiento se pueda practicar no hay ningún ser viviente al que no dé con abundancia todos los medios necesarios para este fin.
El sol visible lo toca todo con su calor vivificante y, como el enamorado universal de las cosas inferiores, les da el vigor requerido para que ofrezcan sus productos; y asimismo la Bondad divina anima todas las almas y alienta todos los corazones a que le amen, sin que ningún hombre quede oculto a su calor.

 

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