San Manuel González García un enamorado de la Eucaristía

San Manuel González García un enamorado de la Eucaristía

Un deseo de san Manuel González García:

Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No dejadle abandonado! Madre Inmaculada, San Juan, Santas Marías, llevad mi alma a la compañía eterna del Corazón de Jesús en el cielo. Estas palabras fueron escritas por monseñor González García para que fueran el epitafio de su sepulcro: una petición y un mensaje, centrados en el amor eterno de su alma: Cristo, oculto y vivo en la Sagrada Eucaristía.

El amor a la Santísima Eucaristía de san Manuel González García:

Alma de Eucaristía

La gran pena de su corazón era la triste situación del Señor Sacramentado en muchísimos Sagrarios. Él, que ha pedido siempre en favor de los niños pobres y para los pobres abandonados, un día ‑4 de marzo de 1910‑ habla a un grupo de mujeres de la feligresía en favor del más abandonado de todos los pobres: el Santísimo Sacramento. Abandonado y pobre por el tratamiento y el olvido con que los hombres le desatendemos. Su voz se hace fuego porque quiere quemar el corazón de sus oyentes. Hay pueblos, y no creáis que allá entre los salvajes, hay pueblos en España en los que se pasan semanas, meses, sin que se abra el Sagrario; y otros en los que no comulga nadie, ni nadie visita el Santísimo Sacramento; y en muchísimos, si se abre es para que comulgue alguna viejecita del tiempo antiguo. ¿Qué mayor abandono que estar solo desde la mañana a la noche y desde la noche a la mañana? (…) Jesucristo en el Calvario, abandonado de Dios y de los hombre por quienes se inmola, ¿no se parece mucho al Jesucristo del Sagrario abandonado, no de Dios, que lo impide su estado glorioso, pero sí de los hombres por quienes se inmola constantemente? Si hay alguna diferencia es desfavorable para su vida de Sagrario. En el Calvario siquiera había unas Marías que lloraban y consolaban; en esos Sagrarios de que os he hablado, ¡ni eso hay!

Y con fuerza hace un llamamiento, una invitación urgente, radical, incitante: Yo no os pido ahora dinero para niños pobres, ni auxilio para los enfermos, ni trabajo para los cesantes, ni consuelo para los afligidos; yo os pido una limosna de cariño para Jesucristo Sacramentado; un poco de calor para esos Sagrarios tan abandonados; yo os pido por el amor de María Inmaculada, Madre de ese Hijo tan despreciado, y por el amor a ese Corazón tan mal correspondido, que os hagáis las Marías de los Sagrarios abandonados. Y la respuesta afirmativa no se hizo esperar en aquellas almas que le escuchaban.

Las Marías de los Sagrarios

Aquel 4 de marzo se había puesto el germen inicial de la Asociación Las Marías de los Sagrarios. Fue su principal obra, dedicada a la adoración de Cristo Sacramentado. El objetivo esencial era procurar que no hubiera ningún Sagrario abandonado.

Si en el Calvario estuvieron las Marías, también estuvo iuxta crucem Iesus, Juan, el discípulo amado. Estaba, pues, claro que la Asociación debía extenderse también a los varones. Y éstos, nuevos Juanes, también acompañarían a Jesús en los Calvarios eucarísticos. En 1913 el arcipreste pudo decir con gozo que de los diez Sagrarios que había Huelva, en siete de ellos el Señor estaba acompañado todo el día.

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