Sermón de San Antonio de Padúa: El ángel Gabriel fue enviado a María

Sermón de San Antonio de Padúa: El ángel Gabriel fue enviado a María

Sermón de San Antonio de Padúa: El ángel Gabriel fue enviado a María:

 

Solemos animar principalmente a tres clases de personas: enfermos, desolados, tímidos. Así era el género humano. Hacía cinco mil años que estaba enfermo y no hallaba remedio alguno; estaba privado de las delicias del paraíso; temía continuamente al diablo, que le flagelaba con una mano y le arrastraba al infierno con la otra. Pero, gracias a Dios, le fue enviado el socorro que curó al enfermo, alegró al desolado y dio seguridad al tímido.

Fue enviado al ángel Gabriel, buen mensajero de tierras lejanas, agua fresca para almas sedientas. Éste es el socorro para el alma sedienta, desfallecida por la sed y debilitada por la enfermedad: Agua fresca, agua de sabiduría saludable.

¿A dónde fue enviado? A una ciudad de Galilea, que quiere decir rueda o transmigración. Los que trabajan en estas dos cosas necesitan socorro. La llaman rueda porque rula. Rodaba el género humano de pecado en pecado y después emigraba al infierno. Por eso dice Jeremías en los Trenos: Emigró Judá a causa de la aflicción y de la gran servidumbre; está sentada entre las gentes sin hallar reposo; todos sus perseguidores le dieron alcance y la estrecharon. De la esclavitud del pecado emigraba a la condenación del infierno. En tamaña angustia se precisaba socorro que cambiase de dirección la rueda y en vez de llevarnos a la muerte nos condujese a la vida y así nos hiciese pasar a la gloria. Irá delante de vosotros a Galilea, allí le veréis.

… A una Virgen. Algo parecido leemos en el Génesis: La joven Rebeca era muy hermosa, y virgen, que no había conocido varón. Rebeca significa recibió mucho, es la Virgen Santísima, que de verdad recibió mucho, porque concibió al mismo Hijo de Dios. Ensalzando su belleza, dice el mismo Hijo en los Cantares: Hermosa eres, amada mía, dulce y encantadora como Jerusalén. Hermosa por la humildad, amada por la caridad, dulce por la contemplación, encantadora por la virginidad, como la Jerusalén celeste, donde Dios mora y la Virgen en su morada. El que me creó, dice, reposó en mi tienda, es decir, en mi vientre.

Desposada con un varón de nombre José. Glosa de Beda. Quiso nacer de una desposada, para que José estableciese el orden legal de descendencia y María no fuese apedreada como adúltera; para que la Virgen tuviese el consuelo del marido y un testimonio de integridad, y para que el diablo ignorase el misterio. José, el salvador, que salvó a Egipto del hambre; así este otro José libró a la Santísima Virgen de la infamia. El Señor prefirió que algunos dudasen sobre su nacimiento antes que sobre el pudor de su Madre. Pues sabía que es insegura la fama del pudor.

De la casa de David. Esto se debe decir no sólo de José, sino también de la Virgen, porque ambos eran de la casa de David. El Señor dice en el libro de los Números: Todos los varones tomarán mujeres de su tribu y parentela; y todas las mujeres tomarán maridos de la tribu de su padre.

El nombre de la Virgen era María. Nombre dulce, nombre deleitable, nombre que conforta al pecador, nombre de dichosa esperanza. ¿Qué es María sino la Estrella del mar, el camino claro que lleva al puerto a los que fluctúan en la amargura? Nombre amable a los ángeles, terrible a los demonios, saludable a los pecadores, suave a los justos.

Y presentándose a ella el ángel. Se hallaba dentro aquélla a quien el ángel se presentó; estaba leyendo o en contemplación: sola, en profunda soledad. De la cual se dice en Oseas: La atraeré y la llevaré a la soledad y le hablaré al corazón.

Salve, sin el triple ay de que se habla en el Apocalipsis: ¡Ay, ay, ay, de los moradores de la tierra. Pues no hubo en ella concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos, ni soberbia de la vida, porque fue casta, pobre, humilde.

Llena de gracia, porque fue la primera mujer que ofreció a Dios el glorioso don de la virginidad. Por eso mismo mereció gozar de la vista y coloquio del ángel, y que naciese de ella el Autor de toda gracia. Llena de gracia, porque el perfume de tus vestidos es mejor que el de todos los bálsamos.Panal que destila miel son tus labios. En ellos fue derramada la gracia.

El Señor es contigo. La elevó con el amor nuevo de la castidad a las cosas celestes y después, mediante la naturaleza humana de Jesucristo, la consagró con toda la plenitud de la divinidad. El Señor es contigoEs mi amado para mí racimito de alheña, y por eso está lleno del vino de la gracia.

Bendita tú entre las mujeres. Con esto concuerda lo que se lee en el libro de los Jueces: Bendita entre las mujeres Jael, que quiere decir la que espera a Dios, sea bendita en su tienda. Es verdaderamente bendita, porque esperó la bendición de todos, y esperándolo la recibió. Verdaderamente bendita, porque no fue estéril ni inmunda; fue fecunda sin rubor, grávida sin molestias, madre sin dolor, mujer sin igual al ser Virgen y Madre, que llevó a Dios en su seno.

Ella se turbó al oír estas palabras. Concuerda con lo que dice san Juan: El ángel del Señor descendía de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua. Aquel movimiento del agua es figura de la turbación de María cuando vio al ángel dirigiéndole un desacostumbrado saludo.

Y discurría qué podría significar aquella salutación. Se turba por pudor, se admira por prudencia de la nueva forma de bendecir. El que es fácil en creer es ligero de corazón. Preciosa mezcla de pudor y prudencia, de modo que ni sea afeminado el pudor ni descarada la prudencia.

No temas, María, (La llama familiarmente por el nombre, como conocida), porque hallaste gracia ante Dios. Coincide con el libro de Ester: Y cuando el rey Asuero vio a la reina Ester en pie, halló ésta gracia a sus ojos, y tendió sobre ella el rey el cetro de oro que tenía en la mano.

Y ella, acercándose, besó la punta del cetro. Asuero, que significa felicidad, representa a Dios, felicidad de los ángeles. A los ojos de Dios fue grata nuestra reina Ester, que quiere decir preparada en el tiempo, en el tiempo de nuestra salvación; el centro de oro es la gracia celestial. Y Dios tendió hacia la Virgen el cetro, cuando la llenó de gracias más que a los demás. Ella, que no era desagradecida a tamaño favor, se acercó con humildad y besó con caridad.

 

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