“Tuve un sueño la noche de Navidad:
Caminaba por la playa al lado del Señor.
Nuestros pasos se dibujaban en la arena
dejando unas dobles huellas:
En sueños, pensé que cada una de aquellas huellas
representaba un día en mi vida.
Me paré para mirar atrás:
Los pasos se perdían en el infinito
y, curiosamente, había algunos lugares
con unas únicas huellas.
Repasé la película de mi vida
y… ¡qué sorpresa!
Los lugares donde había unas únicas huellas
correspondían a los peores días de mi existencia:
días de egoísmo, de angustia, de malhumor,
días de prueba, de lucha, de malos deseos,
días insoportables, en los que yo mismo
había estado insoportable.
Entonces, me dirigí al Señor
y me atreví a echarle en cara:
¡Tú habías prometido estar siempre con nosotros!
¿Por qué no has mantenido tu promesa?
¿Por qué me has dejado sólo en los peores momentos
de mi vida, cuando más te necesitaba?
Y el Señor me respondió:
Amigo mío, los días en que sólo ves
unas huellas en la arena,
son aquellos días en los que yo te llevaba en brazos”.
(ADEMAR DE BARRAS, poeta brasileño)
Si te es posible ayúdanos con un donativo. Gracias y que Dios te bendiga.

