Evangelio del día 20 de Septiembre: (Lc 7,36-50)
Este fariseo era uno de aquellos que se consideraban perfectos y se detenían a culpar a otros. Despreciaba a Jesús, que se dejaba tocar por una “pecadora”. Pero los gestos de amor de la mujer eran el resultado del perdón que había recibido. Ese perdón la había elevado a un grado de amor que el fariseo no tenía. Por eso él era incapaz de amar a los pecadores y no había recibido a Jesús con gestos de cariño. Dios perdona, pero nosotros, muchas veces, no perdonamos como él espera de nosotros, y nos entretenemos comentando el pasado de los demás como si fuera una mancha imborrable. Entonces, cuando nos equivocamos o pecamos, no nos perdonamos a nosotros mismos. Esta mujer no confió en su propia perfección. Sólo se dejó amar y se dejó perdonar.
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Me levanto temprano, leo las escrituras y luego paso por aquí para leer y escuchar el Evagelio del día…DLB
«Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará». (Mateo 6, 6) ¡Vives el evangelio Niko!