Comentario del evangelio de hoy 14 de abril de 2018: Jesús sobre las aguas

Comentario del evangelio de hoy 14 de abril de 2018: Jesús sobre las aguas

Ofrecemos el comentario del Evangelio del día, 14 de abril de 2018, sábado de la segunda semana de Pascua. El evangelio de la santa misa de hoy es de San Juan, capítulo seis, versículos de 16 al 21. Los puntos centrales de este evangelio son los siguientes:

  1. Soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando.
  2. Vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron. Pero él les dijo: “Soy yo, no temáis”

Respecto del primer punto podemos considerar lo siguiente: el barca es nuestra alma, y el viento que sopla nuestras inclinaciones malas, nuestros pecados, son todos los desórdenes de nuestra vida, que no dejan a nuestra alma vivir tranquila. El viento fuerte son los frutos del pecado, de nuestros pecados. Dicho de otra forma, el viento representa el dominio del demonio, el mundo y la carne en nuestra vida. Tenemos que entender que el pecado nos da una satisfacción momentánea, instantánea, pero no duradera, lo único que nos da una paz y una tranquilidad duradera es el Corazón de Cristo. Nuestro corazón anda inquieto, entre los desórdenes de nuestro pecado, entre las tempestades de nuestras inseguridades y nuestros miedos, de nuestros demonios.

Con relación al segundo punto podemos considerar lo siguiente:  La tempestad, es decir, el imperio del pecado en nuestra alma, no nos deja reconocer a Jesús y nos da miedo. Esto nos pasa muchas veces, estamos atados a nuestras seguridades, a nuestros esquemas, y no entendemos que Cristo nos viene a dar la vida verdadera, la vida que no acaba, este ofrecimiento nos da miedo, pero en el momento que Él nos habla: “Soy yo, no temáis”, en el momento que oímos su llamada se nos pasan los miedos, nos viene la tranquilidad. Nosotros no podemos causar este encuentro con Cristo, pero si podemos propiciarlo, lo propiciamos cada vez que asistimos a la santa misa, lo propiciamos cada vez que leemos la vida de un santo, lo propiciamos cada vez que asistimos a un retiro espiritual, o cuando salimos a atender a los pobres (como hacen los Jóvenes de San José)

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