Comentario del Evangelio de hoy 15 de abril de 2018: Vosotros sois testigos de esto

Comentario del Evangelio de hoy 15 de abril de 2018: Vosotros sois testigos de esto

El evangelio de hoy, 15 de abril de 2018, tercer domingo de Pascua, es de San Lucas, capítulo 24, versículos del 35 al 48. En este Evangelio podemos destacar los siguientes puntos:

  1. “Paz a vosotros”
  2. “Mirad mis manos y mis pies”
  3. “Vosotros sois testigos de esto”

Del primer punto podemos hacer la siguiente consideración: El Señor nos viene a traer la verdadera paz, la tranquilidad al alma, porque Él nos trae la única salvación posible. Fuera de Cristo todo es ficción, todo es falso, nada se sostiene si no tiene a Cristo como fundamento. Si queremos encontrar paz en nuestra vida tenemos que poner a Cristo como fundamento, si queremos concordia en las patrias, tenemos que poner a Cristo como fundamento de todo nuestro ordenamiento jurídico, de nuestro obrar social; si queremos encontrar tranquilidad y descanso en la familia, debemos poner a Cristo como fundamento. Hagamos lo que hagamos, si queremos que sea bueno, santo y recto, debemos poner a Cristo como fundamento. Este es el ideal Cristo, instaurar todas las cosas en Cristo.

Respecto del segundo punto podemos considerar lo siguiente: El Señor nos manda mirar los signos de su pasión, porque un verdadero discípulo del Señor debe forjarse en el sacrificio, en un sacrificio no motivado por metas personales, sino un sacrificio que tenga como fin el unirnos a los sufrimientos de Cristo. Por otro lado, los signos de la pasión del Señor nos deben de recordar todo lo que Cristo ha hecho por nosotros, y debemos pensar, por tanto, qué vamos a hacer nosotros por Cristo a partir de ahora.

Respecto del tercer punto podemos considerar lo siguiente: Cristo nos manda una misión que seamos sus testigos, testigos de su resurrección en el mundo, testigos valientes. Pero testigo significa mártir, es decir, que seamos capaces de dar nuestra vida, nuestra fama, todo lo nuestro por Cristo, no ser capaces de negar a Cristo por nada, porque nada hay que sea valioso si lo comparamos con nuestro Señor, o más bien, todo lo que es valioso, lo es, por él. Seamos, por tanto, testigos valiente del Señor, mártires de Cristo en nuestra vida cotidiana,

 

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