Un católico en la universidad

Un católico en la universidad

Un católico en la universidad

Vivir la fe en la universidad no es tarea sencilla, Marcos Vera fundador de Jóvenes de San José y Centro Televisivo Tekton nos cuenta como lo vivió él.

Es difícil perseverar en las prácticas religiosas cotidianas, como el rezo del rosario, la lectura espiritual, el examen de conciencia… Y esta dificultad aumenta cuando se cursa una carrera universitaria. Por ello, cuando Juan María Sellas, Jordi Cordonet y yo íbamos cada día a clases a la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona, aprovechábamos el tiempo de ida y de vuelta -en coche- para hacer un rato de oración, rezar el santo Rosario, hacer el examen de conciencia, la coronilla de la Divina Misericordia, leer artículos y escritos del Padre Alba… Así conseguíamos contrarrestar un poco todo el mal ambiente que se respira en la universidad, donde abundan los mensajes satánicos en las camisetas de los jóvenes, donde se habla del porro y la droga en voz alta y sin sonrojo, donde en algunas clases se defiende el suicidio, donde se pone frecuentemente a la Iglesia, al Papa y a los sacerdotes en estado de sitio, donde la blasfemia suena en voz alta sin que nadie (¡ni los jóvenes católicos que la escuchan!) salga valiente a la defensa… donde, a veces, te llega a parecer que todo está permitido menos el bien. Es la libertad que muchos jóvenes de hoy buscan y quieren.

Pero ésa no es la libertad que Cristo nos ha venido a traer. Cristo trae la vida; y la práctica de todos esos malos hábitos no da la vida. Todos esos jóvenes han sido engañados por un mundo que odia a Cristo y que les ha hecho pensar que no hay felicidad mayor al alcance del hombre que la de los placeres carnales y la falsa libertad de hacer, decir, y pensar lo que se quiera. Y como les han quitado, además, la capacidad de raciocinio, no son capaces de ver que esa falsa felicidad les lleva a la ruina, a la muerte, no sólo del alma, sino del cuerpo. Y es que estos jóvenes deberían atender a las palabras de sus grandes pensadores, y se darían cuenta de lo que dice el obispo José Torras y Bages: “El egoísmo de la vida material, de la vida presente, la avaricia de la vida hace que sacrifiquemos nuestra vida verdadera. Toda avaricia es destructora de sí misma, hace acopio de medios de vida y se muere de hambre; posee tesoros y ella está flaca y débil, y se mata a sí misma de miseria”.

Todos recodamos la anécdota del filósofo que buscaba con una lámpara, en pleno día, un hombre por el mundo. Siempre ha sido difícil, en todo lugar y tiempo, encontrar hombres. Es más fácil encontrar a un filósofo, a un comerciante, a un literato o a un artista, que a un hombre, en la plenitud de la palabra. Y un hombre se reconoce en que es capaz de llevar a cabo todas sus obras, por pequeñas que sean, con la mayor perfección que le sea posible. Un hombre se reconoce en que es capaz de dejar todas las cosas de este mundo por seguir a Cristo, como decían aquellos jóvenes de la reunión de grupo “Monseñor Guerra Campos” en uno de sus villancicos; “Deja todo y vente, vente pá Belén”. En definitiva, para contrarrestar todo este mal ambiente de la universidad, se ha de procurar llevar al día a día las prácticas piadosas, que por pequeñas que sean son realmente importantes; y en ellas está la perfección. Y, muy especialmente -lo digo por propia experiencia-, procurad, jóvenes universitarios, hacer el mayor número posible de visitas a Jesús sacramentado entre clase y clase aunque sea trasladándoos espiritualmente a un Sagrario, si no tenéis una Iglesia cerca.

Y, en los momentos en que el ambiente mundano arrastra tanto que parece que nos va a tragar el mundo, recurrid a la que es medianera de todas las gracias, la Virgen María; Ella derramará abundantes gracias sobre vuestras almas para que podáis resistir en la lucha contra el mal, manifestado en el mundo, el demonio y la carne.

¡Jesús mío, yo te ruego por todos los jóvenes de la Unión Seglar y por todos loas católicos que estudian en la Universidad! No no dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Marcos Vera Pérez

 

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