• 26/09/2026

Blog del Sagrado Corazón de Jesús: Felipe y Bartolomé

Blog del Sagrado Corazón de Jesús: Felipe y Bartolomé

Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice:
“Sígueme”. Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe se encuentra
con Natanael y le dice: “Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo
hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret”. Le respondió Natanael: “¿De
Nazaret puede haber cosa buena?” Le dice Felipe: “Ven y lo verás”. Vio Jesús que se
acercaba Natanael y dijo de él: “Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay
engaño”. Le dice Natanael: “¿De qué me conoces?” Le respondió Jesús: “Antes de que
Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. Le respondió Natanael:
“Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”. Jesús le contestó: “¿Por haberte
dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores”. Y le añadió: “En
verdad, en verdad les digo: verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar
sobre el Hijo del hombre”. (Jn 1, 43-51).
Tenemos a los primeros discípulos de Jesús; unos son llamados por él y otros por los
mismos discípulos, que dan a conocer a familiares y amigos que han conocido al Mesías.
En la meditación anterior veíamos que dos discípulos de Juan, al enterarse de que Jesús es
el Cordero de Dios, lo siguieron y le preguntaron dónde vivía, a lo que Jesús les respondió
que lo siguieran para ver, y se quedaron con él todo ese día. También decíamos que uno de
esos discípulos era Andrés, el cual fue a buscar a su hermano, Pedro, para decirle
alegremente que había conocido al Mesías; y Pedro fue a ver al Mesías que había conocido
su hermano, Mesías que él conocería también ese día; Pedro se quedó también con Jesús.
Ahora podemos ver que Jesús llama directamente a Felipe. Hay que decir que es, según
dice san Juan, el primero a quien Jesús llama personalmente, puesto que los anteriores
llegaron a Jesús por su cuenta o llamados por otro, que no por Jesús. Ahora es diferente.
Jesús llama con su propia palabra a Felipe, del cual dice el evangelista que era del mismo
pueblo que Andrés y Pedro, esto es Betsaida, en Galilea.
Felipe fue llamado por Jesús, con una sola palabra. Jesús no necesita más. Solo llamar a
alguien con esa sola palabra. Jesús no predica ningún evangelio al llamar a cada uno de sus
primeros discípulos; él solamente los llama con su palabra, y, de hecho, con una única
palabra. Él no hace proselitismo, él no hace campaña, ni trata de convencer a nadie.
Solamente llama.
Es interesante pensar en esta manera de atraer consigo a los primeros discípulos, pues se
supone que Jesús no ha predicado nada todavía. De hecho, su ministerio profético aún no
ha comenzado, Jesús no ha dirigido ningún sermón a las multitudes, no ha hecho milagros.
Esto lo sabemos porque el mismo autor de este evangelio nos lo dirá más tarde, asegurando
que el primer milagro de Jesús o bien, la primera señal sobrenatural, ocurre en Caná, en una
boda en donde era invitada María, la madre de Jesús, y a la cual acudieron tanto Jesús como
sus discípulos, o por lo menos los pocos discípulos que tuviera en aquel día.

¿Cómo es que Jesús tiene éxito? ¿Cómo es que alguien puede seguir a un extraño
solamente porque le dice “sígueme”? Solo Jesús puede lograr esta hazaña. Algo en Jesús es
totalmente atractivo a la conciencia, a la voluntad. Jesús atrae a todos hacia sí con una sola
palabra, porque esa palabra tiene vida. Ser invitado por Jesús a su seguimiento debe ser
algo sumamente seductor; así como nada puede resistir la voz del Todopoderoso, así
ninguno que sea invitado por Jesús a seguirlo, habiendo sentido en su corazón el amor de
aquel que lo llama, puede decir que no a esta invitación. Es cierto que hubo quienes fueron
invitados por Jesús a seguirlo, a ser discípulos, pero no aceptaron. Hay que decir que el
llamamiento de Jesús deja verdaderamente la voluntad intacta. Nadie es obligado a estar
con Jesús. Recordemos al famoso “joven rico” que, buscando indicaciones para tener vida
eterna, fue invitado por Jesús a seguirlo en libertad, dejando todo lo suyo, pero no quiso
hacerlo porque tenía muchos bienes (Mc 10, 17-22). También encontramos a Jesús diciendo
a alguno “Sígueme”, de la misma manera que lo hizo con Felipe, pero aquel a quien invitó
le dijo que debía primero enterrar a su padre (Lc 9, 59). Podríamos también decir que
Nicodemo, aquel fariseo del Sanedrín que es contado como discípulo de Jesús, aunque en
secreto, no lo siguió del todo, es decir, sí tenía a Jesús como su maestro, pero no dejó su
vida atrás para seguirlo; este hombre permaneció en lo suyo; siguió a Jesús sin estar con él
de tiempo completo. ¿Por qué no pensar que cuando Jesús le hubo dicho: “hay que nacer de
nuevo” (cf. Jn 3, 3)), le estaba invitando a dejar atrás todo lo obtenido hasta aquel día, para
estar con Jesús? Después de todo, los apóstoles sí dejaron todo para estar con él. Ellos sí
que nacieron de nuevo. Son los mismos, pero de otra manera luego de dejar todo para
seguir a Jesús. Ellos nacieron otra vez.
Y bien, Felipe fue llamado por Jesús con una sola palabra: “sígueme”. Necesitamos en la
actualidad a muchos más que sean capaces de escuchar a Jesús diciéndoles: “sígueme”,
pues nos hacen falta discípulos, nos hacen falta apóstoles, nos hacen falta sacerdotes. Jesús
sigue invitando. Lo hace a través de la Iglesia. En efecto, nos hacen falta trabajadores para
la cosecha de Señor, pero los jóvenes parecen no escuchar. ¿No se dan cuenta de que ya
urgen vocaciones sacerdotales, religiosas, misioneras, juveniles? Parecen no escuchar, pero
el señor sigue llamando. Es Jesús el que llama por medio de la Iglesia, y de muchas
maneras.
Es increíble que no se den cuenta nuestros jóvenes que ya tenemos demasiados
profesionistas, pero pocos sacerdotes. El mundo ya tiene muchos abogados, contadores,
médicos, ingenieros, rescatistas, veterinarios, maestros, administradores. El mundo ya tiene
también muchos mecánicos, taxistas, comerciantes, diseñadores, pasteleros, cocineros. Lo
que hace falta son sacerdotes. ¿Por qué no lo ven? ¿Por qué se siguen buscando profesiones
que ya están saturadas y de las cuales a veces no se puede vivir ni se pueden ejercer?
Tenemos ya también demasiados influencers: youtubers, tiktokers, blogueros, etc.; nos
urgen otras profesiones. Urge que alguien escuche el llamado de Jesús y le responda como
lo hicieron los primeros discípulos de Jesús, a veces sin decir palabra. Solamente seguirlo.
Confiar en él. Ponerse en sus manos.
Felipe, vemos aquí, solo escucha. No se sabe que haya dado ninguna respuesta. Ni siquiera
dice aquí que Felipe se haya levantado para seguir a Jesús. Lo único que sabemos es que lo
hizo, que siguió a Jesús y se quedó con él, porque luego él mismo va a buscar a un amigo,
llamado Natanael, que nosotros conocemos como Bartolomé. Felipe le contó su experiencia

a Bartolomé, su amigo; le dice todo un evangelio. El testimonio de Felipe parece muy
emocionado, muy convencido también de aquello que dice, de lo que es testigo, de quién es
Jesús. Dice Felipe a su amigo: “es aquel de quien escribió Moisés y los profetas, es el hijo
de José, el de Nazaret”. Podemos ver la emoción de haber encontrado al Mesías en este
hombre de Nazaret. Felipe le anuncia a su amigo que este Mesías al que ha conocido, es
mencionado en la Sagrada Escritura. El contacto con Jesús le enseño todo esto en, por lo
menos un día, tiempo suficiente para aprender quién es aquel con quien se ha estado.
Sin embargo, Natanael, un hombre sincero, expresa su opinión, luego de haber escuchado a
su amigo: “¿qué cosa buena podría salir de Nazaret? A lo que Felipe contesta de la misma
manera que lo hubo hecho Jesús con sus primeros discípulos: “ven a ver”.
Jesús, también sincero, veraz y bueno, expresa algo muy bello de Natanael, cuando lo ve
acercarse con Felipe: “miren a un verdadero israelita que no tiene doblez”. Jesús dice, no
solo lo que piensa de Natanael, sino lo que es este hombre. Y Natanael, sorprendido de ser
tan conocido por Jesús, le pregunta cómo es que sabe eso de él. Y a la respuesta de Jesús de
conocerlo aun desde antes que lo llamara su amigo Felipe y de asegurarle haberlo visto
debajo de una higuera, aquel responde con una de las expresiones de fe más sinceras y
hermosas que puedan encontrarse en la Biblia: “tú eres el hijo de Dios, tú eres el rey de
Israel”. Por esta respuesta, Jesús le asegura que verá cosas más grandes. Y sabemos que
Natanael, es decir, Bartolomé, se quedó con Jesús desde ese día y para siempre.

Por p. Pacco magaña. Sacerdote de SLP.

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