• 26/09/2026

Blog del Sagrado Corazón de Jesús: Oración y tentación

Blog del Sagrado Corazón de Jesús: Oración y tentación

Salió Jesús del cenáculo y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos, y los discípulos le siguieron. Llegado al lugar les dijo: “Pidan que no caigan en tentación”. Y se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba diciendo: “Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra. Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza; y les dijo: “¿Cómo es que están dormidos? Levántense y oren para que no caigan en tentación” (Lc 22, 39-46).

Tenemos una indicación de Jesús que se repite. Dos veces se lee en este evangelio acerca de la importancia de orar para no caer en la tentación. Mientras tanto, él va a orar.

La escena se sitúa en el monte de los Olivos. Luego de cenar, Jesús quiere estar a solas con el Padre celestial. Con ello, pensamos, busca encontrar fortaleza y paz, puesto que se acerca la hora de padecer. Solo unas cuantas horas deberán pasar y llegará el traidor junto con los enviados de los sumos sacerdotes.

Nuestros primeros padres, según leemos en el Génesis, cayeron en la tentación en un jardín. Un lugar hermoso. Solo tenían que ser obedientes a la voluntad de Dios. Y justamente en ese bello lugar sucumbieron ante las insinuaciones de la serpiente, del tentador que se acercó sigiloso para someterlos a prueba, la cual fue victoria para el enemigo. Jesús, en otro jardín, el de los olivos, se acerca a orar al Padre, pero no deja de advertir a sus apóstoles que oren para no ser tentados, para no caer en tentación, para tener fuerza. Pero ellos no escucharon a Jesús. En lugar de velar, de orar, se quedaron dormidos. Al parecer olvidaron todo lo que Jesús les había dicho durante las últimas semanas, esto es, que él debería padecer mucho. Olvidaron también que apenas hacía unas cuantas horas les había advertido que sería entregado en manos de los hombres y que sería traicionado por uno de ellos. Eso parece ser tentación. No escuchar a Jesús lleva al descuido, y el descuido a la debilidad y la debilidad a la caída. Es lo que pasó con nuestros primeros padres; si bien ellos no se quedaron dormidos en el jardín del Edén, olvidaron la orden del Todopoderoso que les advirtió que no comieran de aquel árbol; con ello se descuidaron, con ello estaban debilitados en sus almas y de esta manera cayeron en la tentación de la serpiente. Ahora los apóstoles estaban también en las mismas condiciones. Gracias a que Jesús estaba con ellos y les insistía, ellos no cayeron en tentación alguna. Solo se descuidaron, solo se dirimieron. Es cierto que al dormir no se peca ni se cae en tentación, pero eso no significa que fueran fuertes. De hecho, su debilidad se puso de manifiesto cuando llegaron los guardias del templo a aprehender a Jesús: todos se dispersaron, y no se les vuelve a ver sino hasta el día de la resurrección. De los únicos que tenemos noticias mientras tanto es de Pedro, que negará a Jesús tres veces, según el mismo Jesús le había anunciado. Esto significa que cayó en la tentación de preservar su propia vida a costa de negar a Jesús. Juan es el otro de quien se sigue hablando en el evangelio luego de la aprehensión de Jesús. Él permaneció cerca; fue testigo de la muerte de Jesús y estuvo allí, para consolar a la madre del salvador, al pie de la cruz.

Podemos interpretar de dos maneras esta advertencia de Jesús acerca de orar para no caer en tentación.

En primer lugar, puede tratarse de que la oración misma ahuyenta la tentación, incluso al tentador. El tentador no se acerca a quien ora, a quien se mantiene despierto, al que aprovecha el tiempo, bien dicen que el ocio es el padre de todos los vicios. En efecto, el pensar que no se tiene nada que hacer puede llevar al ocio. Por eso es oportuno tener presente que no es bueno tener horas vacías. Siempre se puede hacer algo. Siempre hay algo que hacer. Por supuesto que dormir también es bueno. El cuerpo necesita descanso. La mente necesita reposo. Pero merece descanso quien se lo ha ganado. Incluso debemos pensar que, aun descansando, se puede ser útil. Uno descansa de algunas cosas, pero puede ocupar el tiempo de descanso para hacer cosas que no cansan. Por ejemplo, si uno ha trabajado duramente usando los brazos, las piernas, el cuerpo, en efecto, necesita descansar para recuperar fuerzas; puede uno reposar, recostarse un poco en un sillón, en una cama, en una silla, pero puede hacer alguna actividad que no ocupe fuerzas físicas, por ejemplo, leer un poco, acaso escribir, estudiar, orar. Cuando uno ha ocupado demasiado su mente en el estudio, la oración u otras actividades, es bueno salir a caminar un poco, hacer algo de ejercicio, jugar algo, tocar un instrumento. Descansar no significa siempre la suspensión de toda actividad, el cambiar de actividad también es descanso. A veces hay que reposar el cuerpo, a veces la mente. Ambas cosas cansan, pero de manera distinta. Al fin de cuentas, el verdadero descanso es durante las horas de sueño. Es entonces cuando reposamos todo en nosotros: cuerpo, mente. Mientras el día tenga duración es preciso estar activo, despierto, alerta, trabajando y orando, o trabajando u orando. Es bueno pensar que es conveniente no dejar tiempo vacío. En esos vacíos puede llegar el tentador.

Otra manera de interpretar estas palabras de Jesús podría ser que el que no ora cae fácilmente en tentación. Vivir en oración constante hace que, con toda seguridad, tanto el cuerpo como la mente estén sujetos a Dios, y eso puede lograr que el enemigo se aparte. Es cierto que el maligno buscará la manera de hacer caer en tentación hasta a las almas más devotas. En efecto, él detesta la oración, intentará que el que ora se distraiga, que tenga pensamientos perversos, desviados de la voluntad del padre celestial; si es capaz de tentar al mismo hijo de Dios, con cuanta mayor razón lo hará con otros. Sin embargo, la oración fortalece la voluntad, el alma, la mente; esto ayuda a detectar también el paso de la serpiente que ronda los jardines y los desiertos. Orar mantiene al alma sujeta a su creador. Con toda seguridad, el mismo Señor de los cielos echará al tentador cuando se acerque, porque a Dios le gustan las almas que oran, no permitirá que venga a interrumpir este diálogo hermoso de las almas con él. Dios siempre está cerca de quienes lo invocan de corazón. La oración hace hombres grandes y fuertes.

Tal vez la oración no evite que se presente la tentación, pero sí es una fortísima herramienta para hacerle frente. Jesús recomienda e insiste en que los apóstoles oren; ellos necesitaban orar, Jesús lo sabía; seguramente los podía ver débiles, distraídos, confusos. Y no solo les recomienda orar, también les favoreció el espacio. Dice el evangelio que se retiró de ellos, como a la distancia de un tiro de piedra. Ellos debieron aprovechar esta pequeña distancia para orar también. Pero no lo hicieron. Luego de un rato, en que Jesús ora ante el Padre del cielo, regresa con sus apóstoles, pero los encuentra dormidos, esto es, no oraron. Orar y dormir no son la misma cosa. Es cierto que uno, de noche, puede, sin proponérselo, quedarse dormido. Pero eso no es lo que ocurrió. Ellos solamente olvidaron o desoyeron la indicación que su maestro y Señor les había dado: oren para no caer en tentación. Ellos debieron imitar a su maestro. Ellos debieron orar, de la misma manera que lo hacia Jesús. Ellos debieron obedecerlo, orar al mismo tiempo que él. Hubiera sido hermoso. Jesús y los apóstoles orando al Padre eterno. Pero la tristeza los hizo dormir. Y cuando Jesús regresó a donde ellos estaban les echó en cara su desobediencia y descuido, repitiéndoles la indicación: oren para no caer en tentación. Al poco rato, como veremos, llegarán los enemigos a tomar preso a Jesús, se darán cuenta de la falta que hizo que oraran también. Con ello aprenderán la lección y, al parecer, nunca más dejarán de orar. Los encontraremos unidos en oración antes de la resurrección y antes de pentecostés. Los veremos aconsejando a los convertidos sobre la importancia de la oración para vencer todas las fuerzas del mal.

Por último, veamos como ora Jesús: él se pone de rodillas y habla con confianza al padre celestial, sumido en la agonía y con insistencia, hasta sudar sangre. La oración debe ser así, con actitud, con gestos, con ánimo, con intensidad. Cuando alguien ora así, los demonios huyen y los ángeles llegan a confortar, a consolar, a acompañar; a orar con nosotros.

 

Dios sea Bendito

Artículo escrito para el blog del Sagrado Corazón de Jesús por el padre Pacco Magaña, sacerdote de la GdH en SLP, Mex.

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