El amor y la Ley

El amor y la Ley

El amor y la ley por el padre Pacco Magaña:

La ley de Dios es obligatoria. Son mandamientos, son órdenes. La ley divina supone y exige obediencia. En esto se centra y sostiene la alianza: en que le ley de Dios es estable, y el que acepta al Señor acepta su ley: “tú serás mi pueblo y yo seré tú Dios”. Guardar la alianza de Señor es observar sus mandamientos.

Ahora bien. ¿En qué consiste la ley de Dios? En el amor. El amor de correspondencia al Señor. En el amor absoluto a Dios se fundamenta la alianza. Y, en el mensaje de Jesús, el amor a Dios incluye el amor desinteresado al prójimo. Amor como el de Jesús, como el de su Sagrado corazón. La ley y el amor van juntos, porque Dios manda y Dios ama; amar es cumplir la Ley entera (Rm 13, 10).

Recordemos los tiempos del pueblo de Israel en el desierto. Recordemos todos esos años en que día y noche decía Dios al pueblo: “Escucha Israel, mira que Yahvé es tu Dios. Cumple los mandatos que te voy a  dar hoy”; y en primer lugar se ponía claro el primer mandamiento: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas”. “Y si hay alguien que pasa necesidad en esta tierra que te voy a dar, asístelo”.

Recordemos el amor al prójimo como nos lo enseñó Jesucristo: “Vengan benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estuve enfermo o preso y me visitaron, de forastero y me alojaron, desnudo y me vistieron”. Y esto lo dice Jesús concluyendo así: “siempre que lo hicieron con alguno de estos pequeños, conmigo lo hicieron”.

Efectivamente aquí está el secreto del amor al prójimo, en ver a los demás como si fueran el mismísimo Señor Jesús. Con esto cumpliríamos el mandamiento; sólo con esto: con atender a nuestros semejantes; sobre todo a los más pobres.

Sí amigos, el prójimo no es solamente nuestro semejante; es todo lo contrario, es aquel que es disímil de nosotros. Vamos a ver. Se supone que la ley del pueblo de Israel estaba siendo dada a un pueblo elegido, a un pueblo glorioso, donde el pobre sería la excepción; por tanto, el más pobre debería ser la persona más apreciada por el pueblo, ya que sería, si la ley en verdad se cumpliera, el destinatario del amor misericordioso de Dios.

En la famosísima parábola del “Buen Samaritano”, donde Jesús expresa a las claras quién es el prójimo, nos da a conocer esta verdad: el prójimo es todo hombre en necesidad, todo hombre que sufre, todo el que es víctima de circunstancias adversas. De tal manera que el hambriento, el preso, el enfermo, el obrero explotado, aquel a quien asaltaron, el que no tiene una manta para cubrirse del frío; el que tiene cualquier carencia, ése es el prójimo.

Y, hermanos, ¡abundan!; ellos deberían ser lo extraordinario, puesto que, en la mente de Dios, el pueblo hebreo debería ser una nación de hombres y mujeres exitosos, lo mismo para las guerras que para el comercio, la paz, la prosperidad; y los pobres serían la excepción; pero hoy las circunstancias adversas son exageradas; hoy no es excepción la pobreza y la vida llena de carencias. ¡Hoy es lo normal!; por tanto, ahora basta salir a la calle para ver a los prójimos ambulantes. ¿Los amamos? El amor al prójimo es un verdadero compromiso con el que sufre. He aquí la tarea: el amor. El amor expresado en obras. Al menos, las veces que Jesús habló del prójimo lo hizo para invitar a la solidaridad, a la atención, al remediar esa situación que no debería ser normal. En efecto, Dios creador hizo este mundo maravilloso y enorme para que el hombre lo dominara, se valiera de los recursos creados y lograra que los bienes llegasen a todos los seres humanos; hoy la pobreza parece algo normal, pero no lo es, o no debería serlo; es preciso enseñar al mundo el verdadero sentido de formar todos el género humano; estamos hechos para el amor; pero la envidia, la codicia, la avaricia, el pecado en general, es lo que nos ha hecho cambiar los valores de sitio, por eso hay tanta miseria. Regresemos a la Alianza, a la nueva y eterna que inaugura Jesucristo. Solo el amor puede revertir estas condiciones en que nos encontramos hoy. El amor urge, el amor obliga. Hagamos real el amor.

El autor de este artículo es el padre Pacco Magaña. El P.Pacco es Párroco de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Las Quintas II,  Soledad de Graciano Sánchez en S.L.P.  (San Luis Potosí, Mexico) El padre Pacco es colaborador de Tekton y de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón.

Tu donativo hace posible nuestra labor apostólica. Necesitamos que sigas ayudándonos con tu oración y si es posible con un pequeño donativo mensual o puntual. Gracias y que Dios te bendiga.

Dejar un Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.