Propuestas de verdadero amor

Propuestas de verdadero amor

Muchos son los llamados y pocos los escogidos, es una advertencia que frecuentemente aparece en el evangelio de san Mateo. Los discípulos escuchan esto, aunque a menudo la advertencia es precisamente para quienes después de conocer a Jesucristo no deciden seguirlo.

Pero, ¿qué es el llamado, y qué es la elección? ¿A quién se refiere cada cosa? ¿El señor elige y el Señor llama? Pienso que sí, pero también considero que hay una respuesta que se espera al llamado. La elección vendría a ser sí del Señor en un primer momento, pero en definitiva tiene que ver con la respuesta a la llamada de Dios. Vamos a ver.

Si a mí me entregan o me hacen llegar una invitación a cualquier evento social o de acción de gracias, debo entender que soy contado entre los pocos invitados especiales a tal acontecimiento. No le damos una invitación personal a cualquiera. Entiendo que mi presencia y participación en aquello que se celebra es de alguna manera importante. Y yo puedo decidir asistir o no elegir hacerlo. Si elijo lo primero entonces soy llamado y escogí serlo. Si elijo lo segundo, entonces no asisto y me pierdo aquella ocasión especial a que fui invitado y escogido para asistir.

El que invita es porque de antemano tuvo una moción anterior, primero escoge. Escoge e invita. Así pues, la elección se da primero, la prueba de la elección e la invitación o la llamada. La segunda parte consistirá en que esa elección sea bien recibida y que tenga a la vez respuesta.

Así ocurre en diferentes ámbitos de la relación humana. Por ejemplo, los novios. Uno invita a alguien con quien quiere compartir parte de su vida. Pero primero hubo momentos interiores que le llevaron a elegir estar con tal o cual persona; ninguno se hace novio de cualquiera. Hay un interés especial. Si la otra persona acoge esa invitación, suponiendo una invitación especial, puede decidir estar o no con quien esto le propone. Pero, si no lo desea, puede bien rechazar esa invitación al amor y seguir con su vida; nada pierde, solo la oportunidad de tener una relación especial para sí con alguien que le elije e invita. Y quien escogió e invitó, al no sentirse recibido, tiene que continuar con su vida en busca de lo que le haga feliz, o de quien acepte su corazón, su vida, su propuesta. Si alguien no quiere esto, habrá quien sí lo quiera, habrá quien sí lo elija.

Así es el reino de Dios, según la enseñanza de Jesús. El Señor Dios nos escoge desde la eternidad, al escogernos, nos hace su propuesta de vida eterna, de paz, de felicidad, de amor. Y en un momento dado, nos llama, nos hace la invitación a andar con él, a su seguimiento. Se puede recibir esa invitación al amor eterno, al amor del corazón de Jesús; la invitación es constante, continua. Hay quienes la reciben, la piensan, la valoran, la aman. Aman al Señor y le siguen. Hay también quienes reciben esta invitación, pero son indiferentes y al final no deciden decir sí a la propuesta de amor de Dios. Y continúan con su vida, buscando y hallando otros amores; pero se pierden el único y verdadero. Entonces el Señor sigue escogiendo, sigue también llamando; habrá alguno que le acepte. Siempre lo hay. Los hubo y los habrá. Recordemos a la multitud de los santos, los mártires, los misioneros, los contemplativos, los religiosos, los matrimonios que se son fieles, los luchadores por la paz, los mansos, los pobres, los que sufren, los verdaderamente dichosos.

El que sean muchos los llamados y pocos los escogidos, tal vez signifique que el Señor escoge y a la vez llama; que tiene toda una propuesta y una recompensa, es decir, una vida llena de amor. Y también significa, que cualquier hombre o mujer de cualquier lugar del universo, sabiendo que el señor le escoge y le llama, elige seguirle y amarle.

En resumen, los escogidos son quienes escogen vivir en el amor de Dios que escoge, invita, propone, y llama. ¿Por qué hay quienes se resisten a una propuesta de amor tan grande? ¿Por qué se escogen otras propuestas de amor que a veces suelen ser nocivas?

Escojamos. Ese es el secreto de la vida. Recuerdo una ocasión en que Jesús fue a Betania, su dulce paraíso terrenal, el espacio de los amigos; él entró a la casa de Marta y María; y, mientras Marta estaba ocupada en mil quehaceres, María disfrutaba la compañía del Señor. Ambas escogieron dos partes hermosas, una, la del servicio, otra la de la compañía, la escucha; pero al final Jesús declara: Muchas cosas son importantes, pero una sola es necesaria; María escogió una parte que no se le quitará, y esa es la mejor parte.

Escojamos estar con El Señor. Escojamos su compañía, su corazón; escuchémoslo, amémosle; disfrutemos el estar con él. Él ya nos escogió. ¿Cuándo lo escogeremos nosotros? Para él somos especiales. No hay nada mejor en esta vida. El Señor Jesús es la mejor parte.

El autor de este artículo es el padre Pacco Magaña. El P.Pacco es Párroco de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Las Quintas II,  Soledad de Graciano Sánchez en S.L.P.  (San Luis Potosí, Mexico) El padre Pacco es colaborador de Tekton. Y pertenece a la Guardia de Honor del Sagrado Corazón.

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